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Se apaga la libertad de prensa en México: Alberto Woolrich

Crece la incertidumbre entre periodistas y medios independientes

Por: José I. VELA PÉREZ

Ciudad de México.— La salida de Luis Cárdenas de MVS volvió a encender las señales de alerta sobre el estado que guarda la libertad de prensa en México. Su última transmisión, marcada por advertencias sobre el futuro del ejercicio periodístico, se sumó a las expresiones de preocupación formuladas por periodistas como Pablo Hiriart y otros comunicadores de relevancia nacional.

A este escenario se agregan, de acuerdo con los señalamientos contenidos en el ámbito periodístico, episodios de presión y hostigamiento contra editores independientes, entre ellos Juan Pablo Moreno Guzmán. El conjunto de estos acontecimientos ha alimentado una pregunta cada vez más difícil de ignorar: ¿se está apagando gradualmente la libertad de prensa en México?

La preocupación no se limita a los periodistas. También alcanza a abogados, académicos, legisladores y sectores de la sociedad que consideran que cualquier restricción al ejercicio informativo termina afectando directamente el derecho de los ciudadanos a conocer distintas versiones de los asuntos públicos.

El debate sobre los nuevos lineamientos

Desde Aguascalientes, el coordinador de los senadores del PAN, Ricardo Anaya Cortés, expresó su preocupación por una iniciativa impulsada por el grupo político actualmente dominante, en términos que también fueron difundidos por la Revista FUTURO.

El debate cobró mayor intensidad a partir de los cuestionamientos formulados por el abogado Alberto Woolrioch Ortiz, quien, en entrevista con este medio, sostuvo que los llamados “lineamientos” representan un riesgo para la libertad de expresión y el derecho a la información.

En referencia a una columna previa titulada “Aberrantes lineamientos”, Woolrioch Ortiz señaló que el tema habría provocado inquietud entre comunicadores, ciudadanos y algunos integrantes del ámbito jurídico.

Su argumento central es que determinadas disposiciones podrían terminar generando mecanismos de control sobre los contenidos difundidos por los medios de comunicación, particularmente mediante obligaciones relacionadas con códigos de ética y figuras destinadas a atender las quejas de las audiencias.

El abogado cuestionó también las posibles sanciones para los medios que no cumplieran con dichas disposiciones y manifestó su preocupación por la independencia de las autoridades encargadas de regular al sector.

¿Regulación o censura?

El punto más delicado del debate se encuentra precisamente en la frontera entre la regulación legítima de los medios y una eventual intervención que pueda convertirse en censura.

Toda sociedad democrática necesita medios responsables, mecanismos para corregir abusos y reglas claras para proteger a las audiencias. Sin embargo, esos instrumentos pierden legitimidad cuando son utilizados —o percibidos— como mecanismos para intimidar, condicionar o silenciar a quienes cuestionan al poder.

Woolrioch Ortiz sostiene que los lineamientos cuestionados podrían terminar condicionando la libertad editorial de los medios y favoreciendo la difusión de contenidos compatibles con los intereses del gobierno en turno.

Se trata de una acusación de enorme gravedad que, precisamente por ello, exige transparencia, debate público y revisión jurídica independiente.

La libertad de expresión no puede depender de la simpatía o antipatía que un gobierno tenga hacia determinados periodistas. Tampoco debería existir una prensa “oficialmente aceptable” frente a otra considerada incómoda.

El antecedente que preocupa al gremio

La salida de periodistas reconocidos, las controversias entre comunicadores y autoridades, las denuncias de presiones y los señalamientos de hostigamiento contra periodistas y editores independientes conforman un panorama que preocupa al gremio.

El caso de Luis Cárdenas adquirió particular relevancia porque su salida de MVS ocurrió después de una trayectoria ampliamente conocida y porque sus últimas intervenciones generaron inquietud entre quienes siguen de cerca la situación de los medios.

A ello se suman las posiciones públicas de otros periodistas que han advertido sobre las dificultades crecientes para ejercer el periodismo crítico.

Cuando un periodista deja de publicar, cuando un medio decide autocensurarse por temor a represalias o cuando un comunicador abandona la profesión porque considera que ya no existen condiciones para ejercerla con libertad, la afectación trasciende al individuo.

Pierde la sociedad.

Una democracia sin prensa libre se debilita

La libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas. Es un derecho de la sociedad.

El ciudadano necesita conocer lo que ocurre en las instituciones públicas, cuestionar a sus gobernantes y tener acceso a opiniones diferentes. Una democracia requiere precisamente de ese contraste de ideas para impedir que el poder se convierta en una verdad única.

Por ello, cualquier intento de establecer controles sobre los medios debe ser examinado con especial rigor. Las autoridades tienen la obligación de explicar públicamente el alcance de sus propuestas, mientras que los legisladores, tribunales, organizaciones civiles y periodistas deben participar en un debate abierto sobre sus consecuencias.

La advertencia de diversos integrantes del gremio periodístico es que, si las presiones, agresiones y mecanismos de intimidación continúan, más comunicadores podrían optar por retirarse de la actividad.

Y ese sería quizá el indicador más preocupante de todos.

Porque una sociedad puede sobrevivir a la crítica incómoda de un periodista; lo que difícilmente puede sobrevivir una democracia es a una prensa que, por miedo, deje de preguntar.

México enfrenta así una discusión que va mucho más allá de un grupo de periodistas, un medio de comunicación o una coyuntura política: está en juego la posibilidad de ejercer libremente el periodismo y, con ello, el derecho de los mexicanos a estar informados.

Si la libertad de prensa se apaga poco a poco, no será solamente la voz de los periodistas la que deje de escucharse.

Será también una parte esencial de la democracia mexicana.

 

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