Desde la perspectiva del sacerdote Casimiro Serna Esqueda, en México hay nostalgia y desencanto porque, al menos en su caso, en sus más de 90 años que tiene de vida nunca ha visto en México a un candidato o Presidente que entienda y atienda la voluntad de Dios, sobre todo en cuanto a principios básicos universales como es el respeto a la vida y a la libertad religiosa.
Durante la celebración litúrgica de las 6:55 horas (se considera de las 7 horas), en la Catedral Basílica de Aguascalientes, se refirió a la lectura del Evangelio de San Lucas, sobre la cual llamó a una reflexión humilde y profunda:
Lc 1, 46-56
En aquel tiempo, dijo María:
«Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre,
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.
Hizo hincapié, al respecto, que Dios no excluye a nadie como pareciera, que es necesario darle la debida interpretación y entender que lo único que aborrece es el pecado tras puntualizar que el fondo es que ahora las sociedades enteras prefieren lo material que lo espiritual, lo que condena y no lo que salva, y que por vivir apegados en las cosas terrenales nos olvidamos de lo más importante, “ese es el verdadero problema”, porque “vivimos como si Dios no existiera”.

