Aguascalientes, Ags.– Tras ponerse de manifiesto el aborto en México está vinculado con la violencia, representantes de la Iglesia católica alzan la voz para visualizar la problemática en su justa dimensión: en lugares donde hay abortos, la violencia se expande como obra del demonio. De respetar la vida desde la concepción seguramente se lograría la paz para todas las familias, según expertos en teología.
En un contexto más amplio de violencia que afecta al país, el obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, hizo un nuevo llamado a la reflexión para atender esta problemática “de raíz”, comenzando por reconocer —dijo— la dignidad de la vida humana desde la concepción.
Desde la perspectiva de la Iglesia, no debe hablarse de “interrupción” cuando se refiere al aborto, pues “la vida que se quita no se reanuda”, ni tampoco utilizar el término “producto” para referirse a un ser humano, “al más inocente”. Se reprueba que los medios de comunicación no quieran entender ni atender lo que es evidente.
El obispo sostuvo que la violencia que lacera a México no puede analizarse únicamente desde parámetros sociales o políticos, sino también desde una dimensión moral y espiritual. “La sabiduría cristiana no es estrategia política; el país necesita más estrategias de conversión”, expresó. Añadió que México requiere “gobernantes con conciencia, empresarios con ética y jóvenes con ideales grandes y comprometidos con la vida pública e intereses que conviertan todo en servicio”.
“No matarás”, más allá del acto físico
En su mensaje, Espinoza Jiménez recordó que, para la doctrina cristiana, el mandamiento “no matarás” fue radicalizado por Jesucristo, quien amplió su significado más allá del acto físico de quitar la vida. “Matar no es sólo quitar la vida; también es el odio, el insulto, la descalificación hacia un hermano”, afirmó.
En ese sentido, señaló que en un “México herido por la violencia y el homicidio”, el desprecio hacia el otro comienza incluso en redes sociales, donde —indicó— se destruyen reputaciones y se alimentan rencores. “Es un atentado contra la vida del cristiano”, dijo, al tiempo que convocó a los fieles a convertirse en constructores de reconciliación y a decir “no a la muerte”.
Coherencia y vida pública
El obispo también abordó el tema de la coherencia moral, evocando el mandamiento de no jurar en falso. Subrayó la necesidad de que exista congruencia entre palabras y acciones, especialmente en la vida pública.
“En México necesitamos políticos que cumplan lo que prometen, empresarios honestos, ciudadanos honrados, sacerdotes y obispos entregados”, expresó. Afirmó que las mentiras públicas destruyen la confianza social y advirtió que no se puede vivir en la ambigüedad moral.
En su reflexión, destacó que la conversión interior implica justicia, pureza de corazón, fidelidad sincera, amor real y veracidad en las palabras. “Todo esto lleva a la santidad”, sostuvo.
Advertencia ante la normalización
Espinoza Jiménez advirtió que actualmente se está normalizando la violencia en distintos ámbitos. “Se está optando por el aborto y estamos justificando pequeñas corrupciones; nos callamos ante las grandes corrupciones, debilitamos la familia y aceptamos medias verdades para quedar bien con los demás”, señaló.
Para el prelado, el encuentro con Cristo no debe entenderse como una experiencia meramente emotiva, sino como una transformación radical que impulse cambios concretos en la conducta personal y social. Indicó que la Eucaristía fortalece a los creyentes para vivir con coherencia y no actuar “como si nada pasara”.
Finalmente, reconoció que la diócesis local se distingue por una fe profunda arraigada en las familias que mantienen vivas sus tradiciones. Esa fe, dijo, cuando se traduce en coherencia, puede convertirse en “fermento para la justicia y la paz” en medio del complejo contexto nacional.
El llamado general fue hacia saber discernir y considerar que cada acción tiene consecuencias; al destacar que Dios no impone, sino que deja a la libertad el actuar de cada quien. Y el enfoque central: no somos marionetras del destino, con clara dedicatoria.

