Desde la Catedral Basílica, el prelado de Aguascalientes llamó a la conciencia social frente a la corrupción y la pérdida de libertades, proponiendo la fe y la dignidad humana como ejes para la transformación del país.
AGUASCALIENTES, AGS. – En un mensaje de profundo calado social y espiritual, el Obispo de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, lanzó este domingo un llamado a la reflexión sobre la crisis ética y política que atraviesa México. Durante su homilía, el prelado describió un panorama nacional marcado por la postverdad y la indiferencia, asegurando que el país hoy padece de «mentiras presentadas como realidades».
Radiografía de una nación herida
Para el Obispo Espinoza, la realidad social mexicana se ve erosionada por factores que van más allá de lo económico. En sus palabras, el país enfrenta una «violencia que desangra» y una «corrupción que socava la confianza» en las instituciones. Denunció además la cancelación de libertades fundamentales y un sistema de poder que, en ocasiones, se sostiene sobre el engaño y la falsedad.
“La oración es una voz que no grita, pero sí incomoda”, afirmó el Obispo, al resaltar que la labor de la Iglesia no es el silencio cómplice, sino la denuncia que orienta y dignifica.
La vida consagrada: Un “pulso vital” contra la crisis
Un punto central de su mensaje fue el reconocimiento a los hombres y mujeres de vida consagrada. El Obispo destacó que quienes sirven en conventos, hospitales, escuelas y periferias son el testimonio vivo de una “opción radical” frente al dolor humano.
Aseguró que su labor es una «denuncia silenciosa» contra la desigualdad que hiere y una luz para quienes han sido olvidados por el sistema. «Ustedes son el pulso vital para el corazón de la Iglesia», señaló, instándoles a no desistir a pesar de las calumnias, persecuciones o el clima hostil que puedan enfrentar.
El camino hacia la transformación
Pese al diagnóstico crítico, el mensaje no careció de esperanza. Retomando lo publicado ayer por la Revista FUTURO, Espinoza Jiménez enfatizó que México sí puede y debe cambiar. Para lograrlo, propuso dos condiciones irrenunciables:
- Cristocentrismo: Situar a Jesucristo en el centro de la vida personal y pública.
- Ética en el Poder: Que las decisiones coyunturales de quienes gobiernan se basen en el respeto irrestricto a la vida (desde la concepción) y la dignidad humana.
Simbolismo en la Catedral
La presencia de la imagen del Cristo Negro del Encino en la Catedral reforzó el tono de la homilía. El Obispo comparó la resistencia de esta figura —que representa el sufrimiento y la firmeza— con la situación de los «pueblos heridos» y los mártires modernos de una Iglesia que sigue siendo perseguida.
Finalmente, el purpurado extendió un reconocimiento a las familias que han cultivado vocaciones religiosas, calificándolas como la semilla de fe que permite mantener viva la esperanza en tiempos de oscuridad. Su mensaje concluyó con una nota de determinación: la paz solo se construye a través de la justicia y la fraternidad, y el cambio es posible si se abandona la indiferencia ante el que sufre.

