Por: José I. VELA PÉREZ*
El tablero político de América Latina muestra hoy dos caras dramáticamente opuestas de una misma crisis de certidumbre. Mientras en el sur del continente el electo Presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella, convoca a todo su gabinete a un retiro de preparación espiritual y reflexión antes de asumir el mando —buscando en la fe y la unidad la solidez para enfrentar los tiempos convulsos que se avecinan—, en México la mirada del poder parece enfilarse hacia un horizonte bien distinto: De abierto rechazo a Dios ya las creencias de la gran mayoría.
El contraste resulta insoslayable. La fórmula de apelar a las columnas espirituales, culturales e históricas de una nación no es nueva; teólogos y analistas recuerdan que el respaldo moral ha sido un ancla para diversos mandatarios en la región, como ha ocurrido en El Salvador con Nayib Bukele. Sin embargo, en México, el escenario que se perfila bajo la administración de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo despierta serias inquietudes en materia de tratados comerciales, seguridad, el evidente deterioro de los sistemas de salud, educación, libertades fundamentales, ejercicio democrático y la perversidad de expandir la mentira y la confrontación entre todos los mexicanos.
La ambigüedad diplomática y la sombra de la censura
Esta mañana, el Frente Amplio Democrático hizo llegar a nuestra redacción una premisa que sintetiza la encrucijada actual:
“La democracia exige libertad; la censura exige obediencia.”
Esta advertencia cobra una vigencia alarmante a la luz de los recientes intercambios periodísticos encabezados por figuras como Carmen Aristegui y Jesús Esquivel. Al ser cuestionada la máxima autoridad del país sobre los pronunciamientos del mandatario nicaragüense Daniel Ortega —quien ha dejado en claro la cancelación del horizonte electoral en su nación—, la respuesta oficial volvió a refugiarse en la retórica de la “libre determinación de los pueblos”. Un dogma de no intervención que, paradójicamente, calla ante las dictaduras y margina a los verdaderos ciudadanos, a quienes nunca se les consulta en las decisiones trascendentales.
La libertad de prensa no es un privilegio corporativo ni un escudo para resguardar intereses de los medios. Por el contrario, constituye el límite infranqueable e indispensable al ejercicio del poder público. Garantiza el derecho de la sociedad a informarse, formar un juicio crítico y fiscalizar a sus gobernantes. Cuando un periodista percibe que su trabajo será evaluado o castigado desde la cúpula del poder, la libertad se diluye. Cada centímetro que gana la censura es un espacio que pierde la democracia.
El espejo nicaragüense y el deterioro del tejido social
La experiencia regional enseña que la autocracia no se consolida de la noche a la mañana. Se trata de un desgaste sistemático y gradual:
- Primer paso: Asfixia y hostigamiento a la prensa independiente.
- Segundo paso: Persecución a periodistas, críticos y voces opositoras.
- Tercer paso: Desmantelamiento del Poder Judicial y erosión de las garantías individuales.
- Fase final: Conversión de los procesos electorales en trámites burocráticos vacíos, hasta su eventual abolición.
Nicaragua es hoy el espejo incómodo donde se miran los regímenes que se ostentan democráticos en el discurso, pero actúan de forma autoritaria en los hechos. En opinión de diversos sectores de la sociedad civil, México ha comenzado a dar pasos de alto riesgo en esa misma trayectoria.
La urgencia de un escrutinio permanente
A la par del enrarecimiento político, preocupa el encono verbal que se difunde cotidianamente desde las plataformas oficiales. La polarización y el descrédito constante han calado hondo en la estructura social, sembrando división incluso dentro del propio gremio periodístico. Mientras voces independientes enfrentan amenazas e intimidaciones —retratadas con dolorosa precisión en la cartón de Carlos Orantes, donde señalar al poder se convierte en la causa misma del riesgo vital—, la narrativa oficial busca descalificar cualquier disenso.
Del mismo modo, la marginación de los valores éticos y el amedrentamiento hacia líderes religiosos o creyentes que señalan la realidad nacional reflejan una preocupante intolerancia institucional.
América Latina atraviesa un momento crucial. Mientras algunas naciones buscan en el recogimiento ético y la cohesión espiritual las herramientas para gobernar, en México la sociedad civil, la prensa y las instituciones democráticas están llamadas a mantenerse vigilantes. La democracia no se pierde de golpe, sino en el silencio de quienes dejan de defenderla.
Aún estamos a tiempo para que la Presidenta rectifique el camino, y llame a la reconciliación y a la unidad nacional. Tiene el poder.
DR. H.C. José Isabel Vela Pérez, Director General de la Revista FUTURO
30 de Julio 2026.

