Por Redacción | Ciudad de México, 19 de julio de 2025
La Iglesia Católica en México ha emitido un tibio reclamo ante lo que consideró una grave agresión contra la fe católica, luego de que durante el espectáculo “Memoria Luminosa”, organizado por el Gobierno de la Ciudad de México para conmemorar los 700 años de la fundación de Tenochtitlán, se proyectaran mensajes que promueven el aborto sobre la fachada de la Catedral Metropolitana.
A través de un comunicado, la Arquidiócesis Primada de México lamentó que “mensajes contrarios a la fe católica” fueran difundidos en uno de los principales templos del país. Particularmente, señalaron como ofensiva la aparición de la leyenda “Aborto Seguro” durante el videomapping, un mensaje incompatible con los principios fundamentales de la Iglesia y que, según señalaron, “lastima en lo más profundo la devoción del pueblo mexicano”.
Aunque el tono del pronunciamiento fue mesurado, la molestia por parte de la comunidad católica ha ido en aumento ante lo que consideran una falta de respeto sistemática hacia los valores religiosos en el espacio público. “Lamentablemente, durante este espectáculo son proyectadas diversas leyendas e imágenes que hieren y lastiman profundamente la fe”, señaló la Arquidiócesis, sin emitir un reclamo directo o una exigencia concreta a las autoridades responsables del evento.
La Iglesia reconoció que el inmueble pertenece al conjunto arquitectónico del Zócalo y, por ende, es propiedad federal; sin embargo, subrayó que su uso exclusivo para fines religiosos está protegido por la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, por lo que demandaron que “se evite en todo momento la proyección de mensajes contrarios a la fe católica”.
La reacción, calificada por varios sectores como insuficiente y tardía, ha sido interpretada por algunos analistas como parte de una estrategia para evitar confrontaciones abiertas con el Gobierno capitalino, controlado por el partido Morena. No obstante, voces dentro de la misma comunidad eclesial exigen una postura más firme frente a lo que consideran una “provocación ideológica” disfrazada de celebración cultural.
Agresiones reiteradas
Este incidente no es aislado. La relación entre el partido Morena y las expresiones públicas de fe ha estado marcada por episodios de tensión. Uno de los más recordados ocurrió en mayo de 2016, cuando la entonces jefa delegacional de Tlalpan, Claudia Sheinbaum —hoy figura prominente de Morena—, ordenó la demolición de la capilla del “Señor de los Trabajos”, ubicada en la colonia Cultura Maya.

Aunque Sheinbaum afirmó que la destrucción fue resultado de un error administrativo, el párroco Juan Guillermo Blandón denunció que 350 empleados de la delegación participaron en el derribo, durante el cual fueron profanadas imágenes religiosas y destruido el altar principal. El sacerdote estimó los daños en medio millón de pesos y responsabilizó directamente a Sheinbaum por la profanación de un espacio sagrado sin previo aviso ni consulta a la comunidad parroquial.
Silencio institucional
Pese a estos antecedentes, la respuesta institucional de la Iglesia ha sido cautelosa. El reciente comunicado evita mencionar directamente al partido Morena o a sus funcionarios, y se limita a pedir respeto mutuo y diálogo.
Críticos al interior de la comunidad católica lamentan esta actitud. “El silencio y la tibieza frente a estos atropellos sólo alientan a que se repitan”, declaró un sacerdote consultado bajo anonimato. “Cuando se profana un templo o se promueven ideas que van en contra de nuestra doctrina en la fachada misma de la Catedral, lo que se necesita es una defensa clara y valiente de la fe”.

Por ahora, el espectáculo “Memoria Luminosa” continúa proyectándose en la Catedral Metropolitana y el Sagrario, sin que se hayan hecho cambios públicos en el contenido. Las autoridades capitalinas no han emitido una postura formal ante el reclamo de la Iglesia.
La tensión entre el Estado y las instituciones religiosas, en particular la Iglesia Católica, parece crecer lentamente bajo la superficie de una aparente convivencia pacífica. Pero para muchos fieles, la fe no es un ornamento cultural: es la base de su identidad, y lo que se proyecta sobre sus templos, proyecta también el respeto —o el desprecio— que desde el poder se tiene hacia ellos.

