El Padre Duarte Lara, sacerdote exorcista de la Diócesis de Lamego (Portugal), ha emitido una advertencia contundente sobre las supersticiones comunes asociadas con el inicio del Año Nuevo. Señala que prácticas aparentemente inocentes, como comer uvas o vestirse de amarillo con la esperanza de influir en el futuro, podrían representar acciones que van en contra de los preceptos religiosos, llegando a ser consideradas como un «pecado contra la virtud de la religión».
El sacerdote destacó que la superstición no debería ser subestimada, ya que, desde un punto de vista teológico, constituye un vicio opuesto a la virtud. Explicó que la superstición implica otorgar un servicio que corresponde a Dios a algo que no es Dios, lo cual contradice la esencia misma de la religión como una disposición para rendir el culto que corresponde a lo divino.
El Padre Lara distinguió tres formas principales de superstición: idolatría, adivinación y magia. La idolatría se manifiesta cuando se atribuye un estatus divino a algo que no es Dios, una tendencia que, según él, está creciendo en la actualidad con la sobrevaloración de elementos humanos como el trabajo, la salud o el dinero.
La adivinación, por otro lado, implica buscar conocimiento en fuentes que no provienen de Dios, confiando en ellas para predecir el futuro, un acto que el sacerdote considera como poner la confianza en fuentes de iluminación que son imposibles de cumplir.
En cuanto a la magia, el Padre Lara la equiparó con la lógica de la adivinación, enfocándose en recurrir a fuerzas no divinas para obtener efectos deseados, un acto que va en contra de la adoración y servicio que solo debe dirigirse a Dios.
El sacerdote enfatizó que las supersticiones no solo son un problema individual, sino que pueden propagarse como un «virus», afectando la disposición moral de las personas hacia fuerzas que no provienen de Dios. Advierte sobre la apertura a estas prácticas, señalando que el diablo puede aprovecharse de esta vulnerabilidad espiritual.
Además, destacó casos donde la curiosidad llevó a individuos a involucrarse cada vez más en prácticas ocultas, dando paso a una espiral que eventualmente requirió la intervención de un exorcista.
El Padre Lara concluyó destacando la importancia de priorizar la comunión con Dios sobre las tradiciones de Año Nuevo y las aspiraciones terrenales, recordando las enseñanzas de Jesús sobre la verdadera felicidad y la relación con lo divino como la piedra angular de una vida significativa.
Estas advertencias del sacerdote exorcista ofrecen una perspectiva crítica sobre las prácticas comunes en esta época del año, invitando a reflexionar sobre el significado más profundo de nuestras acciones y creencias.

