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Romper los muros de la indiferencia: Llamado del Obispo de Aguascalientes a la solidaridad y al amor fraterno

Aguascalientes, Ags.- En un mensaje contundente y lleno de sensibilidad social, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, hizo un llamado urgente a combatir la indiferencia, el egoísmo y la comodidad espiritual, durante la homilía pronunciada este domingo en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en el marco del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario.

Ante una concurrida feligresía, el jerarca católico lamentó la creciente brecha entre ricos y pobres, no sólo en el país, sino también en la propia entidad. “La realidad aturde”, expresó, al denunciar que el acceso a condiciones dignas de vida sigue siendo una ilusión lejana para miles de mexicanos que viven entre el dolor, el hambre, la enfermedad y el abandono. “Hay hermanos que mueren por aspirar a una mejor calidad de vida”, sentenció.

Durante su homilía, Espinoza Jiménez hizo énfasis en que la indiferencia es hoy uno de los principales males que aquejan a la sociedad. Señaló que la distancia verdadera entre las personas no es la económica, sino la falta de amor y solidaridad. “La ceguera del corazón impide reconocer a Cristo en los más pequeños, en los más pobres… aquellos que viven cómodamente, llenos de lujos y despreocupados del sufrimiento de su pueblo no pueden llamarse verdaderamente cristianos”, advirtió.

El obispo también señaló las profundas contradicciones sociales que se viven en Aguascalientes, una tierra que definió como trabajadora y llena de oportunidades, pero donde también se evidencian contrastes dolorosos. “En medio de colonias de clase media alta, hay comunidades que viven en la carencia. Migrantes que transitan nuestras calles pidiendo una migaja de pan. Jóvenes atrapados en las adicciones o en trabajos mal pagados, sin tiempo para convivir con sus familias”, expresó con preocupación.

Asimismo, Espinoza Jiménez invitó a la comunidad parroquial a organizarse y tener gestos concretos de solidaridad: visitar a los enfermos, acompañar a los migrantes, apoyar a familias necesitadas, y mitigar la soledad de quienes viven abandonados, especialmente los ancianos. “No nos acostumbremos a verlos en la puerta sin siquiera una mirada o una palabra de consuelo. Sería bonito dar compañía a quien lo necesita, ayudar a los jóvenes a no caer en adicciones, a no perderse”.

Finalmente, destacó que existen países que han logrado avances notables hacia el bienestar social gracias a políticas públicas basadas en la transparencia y la honradez. “Han implementado programas para erradicar el hambre, mejorar la educación, combatir las drogas y reducir las desigualdades. Nosotros también debemos abrir los ojos y salir de la indiferencia”, concluyó.

Con este llamado, el Obispo de Aguascalientes puso sobre la mesa no solo una reflexión religiosa, sino una urgente exhortación ética y social, recordando que la verdadera espiritualidad se manifiesta en el amor al prójimo, en la empatía y en la acción concreta frente al sufrimiento de los demás.

TODOS NECESITAMOS DE ATENCIÓN Y CARIÑO

Tras hacer un llamado a hacer a un lado la indiferencia, el representante de la Iglesia Católica manifestó que “todos necesitamos de atención y cariño” y exhortó a romper esos muros de incomprensión desde la propia familia.

El Obispo de la Diócesis de Aguascalientes hizo hincapié en que la verdadera distancia entre las personas, “no es la económica, sino la falta de amor, la solidaridad. Hay mucha indiferencia entre aquellos que viven rodeados de todo y los que no tienen nada”.

Si bien es cierto que en Aguascalientes la gente es de trabajo, “también una tierra de oportunidad, pero también hay contrastes sociales en las colonias de clase media alta que están rodeadas de comunidades donde hay carencias, familias que no cuentan con lo indispensable, migrantes que pasan todos los días por estas calles buscando ayuda pidiendo una migaja de pan, muchos jóvenes atrapados en las adicciones o con trabajos pesados y mal pagados que les impiden pasar tiempo con la familia”.

“La indiferencia también alcanza a quienes viven en soledad, “sobre todo ancianitos, enfermos; no nos acostumbremos a vivir en una especie de comodidad espiritual, ser indiferentes con aquellos que están a veces en nuestra puerta esperando una migaja de pan”.

Espinoza Jiménez invitó a la feligresía a “organizarnos como comunidad parroquial y tener gestos de solidaridad para visitar a un enfermo, acompañar a un migrante, dar alimento a alguna familia necesitada… sería bonito visitar a quienes necesitan compañía y mitigar su soledad. También promover espacios para los jóvenes que están en riesgo y no caigan en adicciones, tanto por los de la familia como por otros que andan perdidos”.

Hay países, subrayó el jerarca católico, que ya tienen programas de “hambre cero, combatir consumo de drogas, incrementar la alfabetización, eliminar la pobreza, reducir las desigualdades y que nadie carezca de los bienes básicos como la educación, la salud, la vivienda digna; y para lograrlo se conducen con transparencia y honradez en la gestión pública, las autoridades favorecen a los ciudadanos para que tengan el justo desarrollo. Debemos abrir los ojos y salir de esa indiferencia para compartir con los más desprotegidos”.

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