Pese a la lluvia, decenas de fieles se congregaron en la explanada de San Marcos para celebrar la solemnidad de Corpus Christi. Monseñor Juan Espinoza Jiménez urgió a la feligresía a trabajar en la cohesión social frente a la crisis económica y el cansancio colectivo.
AGUASCALIENTES, AGS. — Frente a una sociedad fragmentada por la violencia, las dificultades económicas y un marcado cansancio social, el obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, lanzó un enérgico llamado a la unidad comunitaria y a erradicar la indiferencia colectiva. Durante la solemnidad de Corpus Christi, el jerarca católico exhortó a la población a reintegrar a Dios en las vidas individuales, las familias y las instituciones como la única vía para encontrar la paz.
La celebración, una de las expresiones públicas de fe más importantes del año litúrgico, se llevó a cabo en la explanada del templo de San Marcos. A pesar de la lluvia vespertina registrada este jueves, decenas de ciudadanos, sacerdotes, religiosas y seminaristas se mantuvieron firmes para participar en la tradicional homilía y posterior procesión.
La comunión no es un acto privado
Durante su mensaje, Espinoza Jiménez enfatizó que el sentido de la comunión no puede reducirse a un acto meramente privado o a una devoción individual. Advirtió que es «inaceptable» participar en las celebraciones religiosas y, al mismo tiempo, permanecer indiferentes ante las carencias de los sectores más vulnerables de la entidad.
«Hay que arrodillarse con el mismo esmero ante el hermano necesitado», manifestó el Obispo, al reconocer la urgencia de atender de manera prioritaria a los pobres, los enfermos, los ancianos y los migrantes que transitan por la región.
Asimismo, alertó sobre los riesgos del aislamiento social y la falta de organización comunitaria, señalando que una comunidad que deja de reunirse y de trabajar en conjunto termina por debilitarse espiritualmente, una realidad que calificó como «verdaderamente preocupante».

Los «desiertos» de Aguascalientes
Ante la comunidad diocesana, el líder religioso enumeró los «desiertos» que padece actualmente la población local y que fracturan el entorno. Entre las principales problemáticas que exigen una respuesta inmediata de solidaridad y cohesión social, destacó:
- La persistente violencia en la región.
- La incertidumbre sobre el futuro.
- Los severos problemas financieros que atraviesan los hogares.
- Las heridas personales y la creciente indiferencia religiosa.
Para hacer frente a esto, el prelado señaló que la encomienda actual de la Iglesia y sus fieles es «estar más tiempo de rodillas frente al Sagrario» para obtener la fortaleza necesaria.


Una tradición entrañable y pública
Al profundizar en el significado de la fecha, Monseñor Espinoza Jiménez recordó que la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo nace del deseo de proclamar públicamente la presencia real y permanente de Jesucristo como alimento y salvación. «Que nadie se aleje de la mesa eucarística, que nadie pierda el hambre de Dios», pidió a la feligresía.
Tras concluir la celebración eucarística, el Obispo encabezó una procesión pública desde el templo de San Marcos hasta la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción. Con este acto, la Iglesia local proyectó la necesidad de pacificar y bendecir las calles, los hogares y los centros de trabajo del estado, enviando un claro mensaje de retorno a la fe y al servicio al prójimo para superar la crisis contemporánea.



