Al presidir la celebración solemne de la Santa Misa Crismal, el Obispo Juan Espinoza Jiménez pidió a los sacerdotes vivir las diferentes etapas del Triduo Pascual y transmitirlo a la feligresía con alegría y misericordia, a la vez que expuso que en este cambio de época se nos exige confiar solamente en Cristo y su Evangelio que es, particularmente para los consagrados, el mejor tesoro como no hay otro en la tierra.
Puso énfasis en el Espíritu Santo que también está con y sobre nosotros los bautizados, y encaminó a los presbíteros a ser auténticos guías para evitar que nuestros hermanos caigan en el desaliento, además de que es un gran antídoto contra la tibieza, la mediocridad y el mal pensamiento.
El Octavo Obispo de la Diócesis de Aguascalientes precisó que si bien el Espíritu Santo está con y sobre nosotros, también se puede aplicar que somos templos vivos del Espíritu Santo como dicen las sagradas escrituras.

Le pidió que sean no solamente ministros de los sacramentos, sino también de la misericordia de Dios, no sin antes hacer hincapié en los trabajos del Quinto Plan Diocesano de Pastoral del que se han hecho críticas. Hizo ver que seguramente no va a ser perfecto porque está hecho por seres humanos imperfectos, pero instó a que en lugar de juzgar o descalificar, mejor se aporte para que salga lo mejor posible y sea en beneficio para toda la comunidad.
Y es que también se había referido a estar los sacerdotes cerca de los más débiles o desvalidos, de quienes tienen mayores carencias, para luego pedir que “no seamos indiferentes” tanto en lo exterior como en lo interior de cada persona, familia, grupo o sociedad.
Mención aparte merece la bendición y posterior distribución de los Santos Óleos que habrán de estar en diferentres capillas, templos y santuarios de la Diócesis de Aguascalientes que incluye algunos lugares de Jalisco y Zacatecas.
Santos Óleos
La semana pasada se ha celebrado en los países de religión católica la Semana Santa. Y hay un día muy especial, Jueves Santo, donde se lleva a cabo la ceremonia de Bendición de los Santos Óleos. Por supuesto son Aceites de Oliva Virgen Extra.
Un elemento sagrado, con una trascendencia espiritual muy grande y que es, a la vez, un gran desconocido.
La Misa que se celebra el Jueves Santo va acompañada de la consagración de los Santos Óleos, un rito anual que requiere siempre el ministerio del obispo como consagrante. Desde hace muchos años esta ceremonia se lleva a cabo el Jueves Santo por la mañana. Se llama «Misa Crismal».

En dicha misa se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. Haberla fijado en este día no se debe al hecho de que el Jueves Santo sea el día de la institución de la eucaristía, sino sobre todo a una razón práctica: poder disponer de los santos óleos, sobre todo del óleo de los catecúmenos y del Santo Crisma, para la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana durante la Vigilia Pascual.
La palabra crisma proviene del latín chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra en esta misa. Con esos óleos serán ungidos los nuevos bautizados y se signará a los que reciben el sacramento de la Confirmación. También son ungidos los obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental.
La liturgia cristiana ha aceptado el uso del Antiguo Testamento, en el que eran ungidos con el óleo de la consagración los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa «el ungido del Señor».
Después de la renovación de las promesas sacerdotales, los diáconos y ministros designados llevan los óleos, o, en su defecto, algunos presbíteros y ministros, o bien los mismos fieles que presentan el pan, el vino y el agua, se dirigen ordenadamente a la sacristía o al lugar donde se han dejado preparados los óleos y las otras ofrendas. Al volver al altar, lo hacen de este modo: en primer lugar, el ministro que lleva el recipiente con los aromas, si es que el obispo quiere hacer él mismo la mezcla del crisma; después, otro ministro con la vasija del óleo de los catecúmenos; seguidamente, otro con la vasija del óleo de los enfermos. El óleo para el crisma es llevado en último lugar por un diácono o un presbítero. A ellos les siguen los ministros que llevan el pan, el vino y el agua para la celebración eucarística.

