Tras referir la Lectura de la primera carta de Juan (1 Jn 2,29-3,6), desde el santuario parroquial de la Virgen de Guadalupe, en Aguascalientes, México, el sacerdote Francisco Javier García Zavala no se anduvo con rodeos y exhortó a hacer a un lado la moralidad católica y practicar la reflexión con un encuentro personal con Dios, pero sobre todo con la finalidad de dar testimonio con el ejemplo, con nuestro prójimo. Y es que suele suceder que en el templo nos damos golpes de pecho y al salir nos convertimos en lo que realmente somos.
Puso de manifiesto no dejarse engañar por sacerdotes de este Diócesis que «se desgarran las vestiduras», apartentan ser santos y «que son bien conocidos», pero que actúan de manera distinta a lo que Dios nos pide.
La lectura dice: “Queridos hijos: Si ustedes saben que Dios es santo, tienen que reconocer que todo el que practica la santidad ha nacido de Dios. Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a Él”, etcétera.
Durante la celebración de las 7:00 horas, el presbítero habló luego de cómo muchos creyentes minimizan los pecados y su forma de actuar, como por ejemplo levantar falsos “porque todo el mundo lo hace”, y al acudir al confesionario sólo dicen: “padre, no he robado ni he matado”, sin medir las consecuencias de sus actos para con los demás, a quienes lejos de abogar por ellos, los maltratamos.
Hizo especial mención a la tradicional forma de catequizar, sobre los 10 mandamientos, por ejemplo, de que esto es bueno y esto malo; a la forma en que los padres de antes orientaban a sus hijos bajo esa moralidad. Luego haría referencia a la importancia de ese encuentro personal con el Niño Dios, con Jesucristo, a quien se le puede pedir que le ayude y oriente para una mejor reflexión espiritual y, sobre todo, de conversión sincera, no por compromiso, sino por convencimiento.
“Es por eso que les digo que salgamos a vivir afuera lo que aquí hemos vivido”, es decir, practicar las buenas obras con los demás.
LOBOS CON PIEL DE OVEJA
No omitió reconocer que “su crisis” es que durante la consagración se admira del éxtasis en que se ven no pocos sacerdotes durante la consagración, lo cual es admirable, y en lo cual él sería reprobado, pero que luego su actitud de ellos no corresponde a la de un buen sacerdote, porque en su actuar manifiestan otra cosa.
Hablamos de congruencia, manifestó.
Reveló que por su forma de ser él ha tenido serios problemas con varios sacerdotes de esta Diócesis, incluso enfrentamientos “fuertes”.
Y en este escenario puso de manifiesto que hay sacerdotes “que ustedes conocen muy bien” y que se ven como santos, pero que en realidad son todo lo contrario. Y sin decir nombres “a alguien de la Vicaría”, que aparenta toda bondad, benevolencia y aparente santidad, y relató lo sucedido a una mujer “a quien dejó destrozada” porque al acudir a confesarle ciertos hechos, la persuadía a que cada vez le diera más detalles de lo que a ella le había sucedido, ante lo cual el propio Francisco Javier García Zavala le llamó para reprocharle su actitud de una manera por demás firme y tajante.
“Las apariencias engañan”, recordó, ante el interés mostrado por la feligresía que cada vez que puede acude al santuario parroquial y escucha con mucho interés sus palabras, sobre todo al acercarse y dirigirse a los presentes.
Mención aparte merece el buen número de personas, jóvenes y adultas, que acuden a recibir la Sagrada Comunión y escuchar con interés a dicho sacerdote, por su sencillez y claridad, tal como lo hace también el padre Casimiro Serna Esqueda.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo Evangelio según san Juan
Jn 1,29-34
Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel».
Entonces Juan dio este testimonio: «Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

