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“Nada por encima del amor a Dios”: Reflexión sobre el verdadero sentido de nuestras prioridades

Santuario Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, Aguascalientes — Durante la celebración eucarística de este lunes por la mañana, el sacerdote celebrante ofreció una profunda reflexión sobre el sentido de la vida cristiana y el orden de nuestras prioridades, exhortando a los fieles a colocar el amor a Dios por encima de cualquier otro interés o aspiración, en particular el dinero.

Inspirado en la lectura del libro del Éxodo (32, 15-24. 30-34), el joven sacerdote destacó la paciencia y la fidelidad como virtudes necesarias para esperar la respuesta de Dios en medio de las pruebas. Subrayó cómo, en la historia del pueblo de Israel, la desesperación llevó a la idolatría cuando Moisés tardaba en regresar del monte, episodio que culminó en la fabricación del becerro de oro.

“Hoy como ayer, el ser humano tiene la tentación de crear ídolos, y uno de los más peligrosos en nuestros días es el dinero”, advirtió el presbítero. “Sí, el dinero puede ser útil y necesario, pero nunca debe ocupar el lugar de Dios. No debemos permitir que lo material se convierta en lo esencial”, añadió con firmeza.

Recordó cómo Moisés, al bajar del monte con las tablas de la alianza —obra directa de Dios— se encontró con un pueblo entregado al desenfreno y la desobediencia. En un acto simbólico de indignación y justicia, rompió las tablas y destruyó el ídolo, como signo de rechazo a todo aquello que suplanta la fidelidad a Dios.

En su homilía, el sacerdote subrayó que el amor a Dios debe regir todas nuestras decisiones, y que en momentos de crisis o incertidumbre es cuando más se requiere fe y discernimiento para no dejarnos arrastrar por falsas soluciones.

La reflexión se complementó con el evangelio del día (Mateo 13, 31-35), donde Jesús presenta dos parábolas: la semilla de mostaza y la levadura, símbolos del crecimiento silencioso pero poderoso del Reino de los cielos. “El amor a Dios, cuando se cultiva, aunque sea desde lo pequeño, puede transformar nuestra vida y la de los demás, como la levadura transforma toda la masa”, explicó.

Finalmente, el sacerdote invitó a la comunidad a revisar sus prioridades y preguntarse: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué estoy permitiendo que reemplace su amor? En un mundo lleno de estímulos y urgencias materiales, la eucaristía de este lunes ofreció un espacio para detenerse, reflexionar y recordar que, más allá del éxito o las posesiones, la verdadera plenitud está en vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

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