Miles de personas han salido a las calles de Madrid este domingo para celebrar la tradicional Marcha por la Vida que cada año se convoca bajo el lema “Sí a la vida”, en una jornada festiva que ha contado con testimonios de impacto.
“Es hora de desenmascarar las mentiras, los horrores, los negocios e ideologías que sustentan a la cultura de la muerte y asumir la responsabilidad de reparar, curar y hacer posible la cultura de la vida y el progreso verdadero” han subrayado los organizadores del evento provida en su manifiesto.
Antes de comenzar la marcha, la presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, Alicia Latorre, ha afirmado a los medios de comunicación, que el objetivo de la marcha es decir «Sí a la Vida» en especial «en estos momentos donde hay especiales ataques, no solamente por parte de las leyes, sino hacia los que defienden la vida».
Latorre ha denunciado que «se quieren convertir en derechos actos que son objetivamente perversos y que no benefician a nadie. No solamente quitan la vida a los no nacidos o a los enfermos que están al final de su vida, sino que también dejan unas huellas profundas en cada persona que participa en ellos y también en la sociedad».
Algunos de los asistentes a la marcha portaban pancartas en las que se podía leer “El aborto es un crimen disfrazado de solución”, “El tamaño de su cuerpo no le quitas sus derechos”, “La vida vale desde su inicio hasta su fin natural” o “Rezar no es acosar”. Un grupo de manifestantes marchó tras una pancarta con la frase evangélica “Bendito el fruto de tu vientre”.
El acto celebrado al final del recorrido ha contado con dos testimonios tras la lectura del manifiesto.
“Que la vida no sea fácil no la hace menos bonita”
Paloma Zafrilla es hermana de Carlos, un joven que tiene un 96% de discapacidad. “Es como un niño de seis meses. Tiene 26 años, pero no anda, no habla, no se comunica. Es exactamente como un bebé. Lo que sí hace es sonreír y quejarse cuando algo le duele”, ha explicado al inicio de su intervención.
Cuando fue diagnosticado a los siete meses, sus padre sufrieron presiones para que no tuvieran más hijos “porque no sabían cómo podían venir, si se podía repetir el diagnóstico” e, incluso, les llegaban a decir “que era muy egoísta traer niños al mundo que pudieran convivir con esta desgracia, con este drama”, ha narrado Paloma.

“Me han llegado a decir que que cómo manteníamos a Carlitos, que al final eso no era calidad de vida. Yo solo os puedo asegurar que es que no hay mayor vida que la que hay en mi casa. Y especialmente todo se debe a mi hermano”, ha añadido antes de admitir que la circunstancia de la discapacidad no es fácil.

