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LAPSUS CEREBRAL: La ciencia detrás de la euforia (y los excesos) con la Selección

Del «analgésico social» al modo supervivencia: psicólogos y académicos explican cómo un gol enciende la amígdala, apaga la razón y diluye los límites cívicos en el anonimato de la masa.

Por: Redacción Revista FUTURO

Con información de El Heraldo de México, Telemundo San Diego, El Sol de México y Gaceta UNAM.

El fútbol en México no es un simple entretenimiento; es un fenómeno sísmico para la mente. Cuando la Selección Nacional salta a la cancha en esta Copa del Mundo, el país se paraliza frente a las pantallas —alcanzando récords históricos de más de 20 millones de espectadores, como ocurrió en el reciente duelo contra Corea del Sur—. Tras la victoria, las calles se inundan de una marea verde en puntos como el Ángel de la Independencia o los Fan Fest. También anoche cuando la selección que ganó a República Checa en la Ciudad de México.

¿Ganó México o ganó el equipo de la selección?

Sin embargo, detrás de la fiesta, los abrazos con desconocidos y los rituales extremos de los aficionados, se esconde una compleja maquinaria neurológica y social. ¿Qué ocurre realmente en el cerebro del mexicano cuando la Selección gana?

El cerebro en «modo primitivo»

El psicoterapeuta Mariano Salinas explica que el fútbol provoca un cortocircuito en nuestras funciones cognitivas habituales.

«Hace que el cerebro deje de pensar con la parte racional, que sería la corteza prefrontal, y empiece a pensar con la amígdala, que básicamente es con las emociones», afirma Salinas.

Esta desconexión temporal de la razón sumerge al espectador en un drama absoluto. Al identificarse plenamente con el equipo, la mente se vuelve más primitiva. Esto permite experimentar una felicidad muy intensa, pero también abre la puerta a «zonas muy oscuras de la humanidad» si las emociones se desbordan y se combinan con factores detonantes como el consumo de alcohol.

 

Por su parte, Erika Villavicencio Ayub, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, coincide en que el impacto psicológico es total: “Si vemos jugar a la Selección Nacional, nuestra mente no lo procesa como entretenimiento; lo vive como un escenario de supervivencia”.

De acuerdo con investigaciones de la UNAM, el fútbol activa de manera inmediata los sistemas de identidad y recompensa:

  • En la victoria: El cerebro libera oleadas de dopamina (el neurotransmisor del placer y la satisfacción), provocando un orgullo tan profundo que el aficionado asume el triunfo ajeno como un logro puramente propio.
  • En la derrota: El fracaso del equipo se interpreta como una amenaza simbólica a la propia integridad. El cuerpo reacciona liberando cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés, lo que se traduce de golpe en frustración, enojo y desánimo.

El «analgésico social» de los 90 minutos

En ciudades fronterizas como Tijuana, la pasión se vive a flor de piel tras los primeros triunfos mundialistas. Aficionados locales como Rafael Antonio o Esry Juárez coinciden en que el partido es un espacio de desconexión total. «Te olvidas de tus broncas… ya después vuelves a la realidad», señalan.

Esta experiencia tiene nombre técnico: euforia colectiva. El psicólogo Yuben Hernández detalla para Telemundo San Diego que el Mundial opera como un auténtico «analgésico social» ante las complejidades de la vida diaria (problemas económicos, tráfico o estrés laboral).

A través del grito de un gol o la tensión de un penal, las personas logran descargar emociones reprimidas. Además, la felicidad se contagia socialmente; ver a otros celebrar genera una empatía colectiva que activa estados de ánimo positivos y nos hace sentir parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.

La otra cara de la moneda: Cuando «la masa»  borra los valores

No obstante, esta desconexión de la corteza prefrontal y la disolución del individuo en la masa tienen efectos colaterales preocupantes. Los excesos cívicos en los festejos —bloqueos de tránsito, consumo desmedido de alcohol o destrucción de propiedad— revelan dinámicas de la psicología de masas que los especialistas asocian a tres factores principales:

Factor PsicológicoDinámica en la Multitud
Búsqueda de IdentidadPersonas con baja autoestima depositan su valor personal en un triunfo ajeno para compensar frustraciones diarias o falta de reconocimiento social.
Ausencia de ValoresEl anonimato de la multitud relaja los límites éticos. El deseo individual de festejar se antepone por completo al respeto por el prójimo y el bienestar común.
Contagio EmocionalAl disminuir el sentido de culpa individual dentro de la turba, se imitan y normalizan conductas destructivas o irracionales por el puro deseo de pertenencia.

El fútbol, en conclusión, es una herramienta biológica y social de doble filo. Funciona como una válvula de escape vital para la salud mental colectiva y un bálsamo contra el estrés cotidiano; pero cuando la euforia apaga por completo el juicio crítico, el festejo corre el riesgo de transformarse en vandalismo, demostrando que la línea entre la catarsis y la incivilidad es tan delgada como la corteza cerebral que la regula.

Las toneladas de basura como botellas y plásticos, sombreros y otros, merecen mención aparte porque habla mucho de la educación de los mexicanos, sobre todo de los jóvenes que dan rienda suelta a sus instintos, ante la «maldita» comparación con los aficionados japoneses que limpian el lugar y lo dejan mejor que como estaba.

 

 

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