La sociedad debe definir el futuro de La Pona, no los intereses inmobiliarios
Por: Redacción
Aguascalientes, Ags. — En medio de una creciente crisis ambiental en la entidad, el colectivo Salvemos La Pona alza la voz para recordar que el destino de este ecosistema no debe ser dictado por intereses inmobiliarios ni decisiones gubernamentales tomadas a puerta cerrada, sino por la sociedad organizada y consciente de la urgencia ecológica que enfrenta la ciudad.
En conferencia de prensa ayer, integrantes del colectivo expresaron su profunda preocupación por la falta de transparencia en las mesas de trabajo que autoridades municipales y estatales han sostenido sobre el futuro de La Pona, un bosque de mezquites que alberga más de 5,600 árboles y fija anualmente 2,300 toneladas de carbono. «Desconocemos completamente si se ha invitado a la ciudadanía», señalaron. «Una vez más, es un proceso opaco».
Lejos de una defensa simbólica, el movimiento ha tenido presencia real y constante en el predio. Desde el 25 de abril, más de 200 personas se han turnado en guardias nocturnas para proteger el área. Durante este tiempo, han apagado tres incendios sin ayuda oficial inmediata, incluso recurriendo a sus propias camisetas por falta de equipo básico. Aun así, han enfrentado señalamientos por parte de autoridades que los acusan injustamente de provocar estos mismos siniestros.

La respuesta de las autoridades ha sido anunciar la compra del terreno, una medida que el colectivo rechaza tajantemente. “No se trata de resolverle el problema a una inmobiliaria. Desde que compraron el terreno sabían que era un área de mezquites, no fueron engañados. La Pona está protegida por leyes federales, y su valor no es comercial, es ecológico y social”, afirmó Sofía González Ponce, coordinadora del colectivo.
Para Salvemos La Pona, el futuro de este bosque urbano debe decidirse desde la ciudadanía, a través de una consulta pública abierta, vinculante y con procesos claros de participación. “No es un capricho querer resguardar este espacio. Es un llamado urgente a entender que Aguascalientes necesita pulmones verdes para sobrevivir”, expresó Belinda Camarena, abogada del colectivo.
Este mensaje cobra aún mayor relevancia ante el deterioro ambiental que sufre la ciudad. María Guadalupe Castorena Esparza, presidenta del Movimiento Ambiental, advierte que la calidad del aire se ha deteriorado drásticamente en los últimos años, en parte por decisiones gubernamentales que priorizan la infraestructura sobre el medio ambiente, como sucedió con la intervención en la Alameda y la construcción de desarrollos como Zitara. “La contaminación ya se refleja en el paisaje. Muchas veces, ni siquiera se ve el Cerro del Muerto”, señaló.
Aun en medio de estas condiciones adversas, La Pona se ha transformado en un símbolo de resistencia comunitaria. Más de 500 personas han participado en más de 35 actividades culturales y de restauración en el predio, desde talleres y observación de aves hasta separación de residuos y promoción del uso de baños secos. Este sábado 11 de mayo, el campamento concluirá con el festival “Por la Madre Tierra”, con arte, restauración ecológica y una cadena humana como acto simbólico de defensa.

El mensaje del colectivo es claro: el valor de La Pona no se mide en pesos ni en escrituras de propiedad, sino en el oxígeno que produce, el agua que ayuda a infiltrar, la biodiversidad que protege y la memoria colectiva que resguarda. “Es la sociedad quien debe decidir qué ciudad queremos habitar, no los intereses inmobiliarios”, reiteraron.
En un momento donde Aguascalientes se asoma peligrosamente al umbral de una crisis ambiental irreversible, La Pona representa una oportunidad para redefinir las prioridades urbanas. Y esa decisión debe estar en manos de quienes verdaderamente habitan y respiran esta ciudad.

