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La Pona, punto de partida para corregir el rumbo de Aguascalientes

En medio de un contexto urbano cada vez más asfixiante, La Pona emerge como el último respiro natural de la ciudad de Aguascalientes. Es mucho más que un fragmento de territorio; es el reflejo de nuestras decisiones pasadas, de nuestras omisiones y de la urgencia de tomar acción con una mirada integral, sensible y sustentable.

 

El deterioro ambiental y social no es un fenómeno aislado ni reciente. Tiene sus raíces en un proceso histórico que va desde la industrialización hasta el abandono del campo, trayendo consigo beneficios incuestionables, pero también consecuencias que hoy nos alcanzan con fuerza. Entre ellas, la pérdida de espacios verdes, el estrés hídrico y un tejido social fragmentado que se manifiesta, entre otras formas, en los crecientes problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión. Ante este panorama, repartir culpas resulta estéril. Lo que verdaderamente importa es buscar soluciones, asumir responsabilidades y construir una visión de ciudad a largo plazo.

Los ambientalistas de “Salvemos la Pona” han planteado en conferencia de prensa la problemática, pero también soluciones con al menos once argumentos, que incluye desde la regeneración hasta actividades culturales.

La defensa de La Pona no es una bandera política ni una moda ambientalista. Es una causa común. Salvar este espacio implica escuchar a todos los actores involucrados: ciudadanía, gobierno, expertos en medio ambiente, urbanismo, salud pública y educación. Se necesita trazar un plan de trabajo ambicioso, técnicamente sustentado y jurídicamente viable que garantice no solo la conservación del terreno, sino su transformación en un símbolo de vida, cultura y conciencia ecológica.

Una de las rutas posibles podría ser la permuta del terreno por otro de valor equivalente; otra, la expropiación con pago justo, como ha sugerido la ciudadanía con recursos del erario público, es decir, con los impuestos que todos pagamos. Lo fundamental es que se actúe dentro del marco legal, pero también con firmeza y voluntad política. Y que los responsables del daño ecológico no queden impunes. Justicia ambiental también significa rendición de cuentas.

Rescatar La Pona, más de 33 hectáreas, implica mucho más que reforestar. Significa reintegrarla a la vida cotidiana de los aguascalentenses como un parque público, un pulmón verde y un espacio de esparcimiento familiar. Existen antecedentes de programas exitosos y recursos informativos que deben retomarse, así como una lectura honesta de la realidad: en zonas como el oriente de la ciudad, las áreas verdes brillan por su ausencia, debido a la falta de planeación urbana desde administraciones pasadas.

Debemos aprender del pasado y mirar al futuro. Ejemplos como San Antonio y Houston nos muestran que el desarrollo urbano no tiene por qué estar reñido con la naturaleza, siempre que exista visión a largo plazo. En Aguascalientes, esa visión debe incluir el aire que respiramos, pero también el agua que nos queda. La proliferación de industrias con alto consumo hídrico, como las plantas automotrices y refresqueras, nos obliga a repensar el modelo de desarrollo que queremos. ¿Vale la pena sacrificar nuestros recursos naturales por beneficios económicos que no siempre se traducen en bienestar social?

¿Desarrollo económico o desarrollo social?

Hoy estamos ante una encrucijada: desarrollo económico o desarrollo social. Pero no debe ser una disyuntiva. La verdadera sostenibilidad radica en armonizar ambas dimensiones. Y para ello, debemos empezar por lo urgente y lo posible: salvar La Pona.

Este primer paso, aunque complejo, debe darse ya. ¿Quién lo dará? ¿Habrá voluntad entre los diputados locales? ¿Contaremos con el respaldo del Gobierno Federal, con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente, conocedora de estos temas? Las preguntas están sobre la mesa. Lo que no puede esperar más es la acción.

Que La Pona no sea solo un recuerdo o una promesa.

 Que sea un legado. Un símbolo de que Aguascalientes eligió vivir.

 

Escribió: Dr.H.C. José Isabel Vela Pérez

Director General de la Revista FUTURO. Mayo 29 20025.

 

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