*Ante el interés manifiesto por el contenido de nuestro editorial del número 423 de nuestras ediciones impresa y digital, se publica en este espacio.
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Editorial
La Otra Versión
El pasado 25 de agosto, el Obispo de la Diócesis de Aguascalientes Juan Espinoza señalaba en la misa dominical desde la Catedral Basílica que las nuevas ideologías “nos hacen creer que la mentira es la nueva verdad”; analistas dicen que “al menos” el 80 por ciento de los contenidos en las redes y medios electrónicos, sin omitir a la prensa escrita, “son falsos”.
Y la mayor parte proviene de las esferas públicas, del Ejecutivo y Legislativo, de gobiernos estatales y/o municipales, de partidos políticos y sus candidatos. En menor medida de anuncios publicitarios sobre bienes y servicios que abundan en la televisión y otros medios electrónicos, particularmente.
Lo anterior tiene especial relevancia porque el exceso de información hace que, por un lado, haya quienes “creen todo”, y otros, que “no creen nada”, con la salvedad de los hechos de violencia que a diario se transmiten por medios televisivos con imágenes ya “cotidianas”, donde se hace hincapié en que debido a ello casi llegamos a los 200 mil asesinatos en el sexenio que termina.
“La mentira es la mejor herramienta de dominación conocida, y lo primero que busca el poder es dominar”, sostiene el reconocido escritor español Javier Cercas, galardonado con múltiples reconocimientos internacionales.
Y explica: “El nacionalpopulismo ha desarrollado una forma de agresión a la democracia opuesta a la del fascismo: se trata de atacar la democracia en nombre de la democracia (…) Esa es la diferencia más destacada entre fascismo y nacionalpopulismo; el primero descree explícitamente de la democracia y la ataca de manera frontal y desde fuera; el segundo finge creer en la democracia para atacarla desde dentro, destruyendo el Estado de derecho, que es la base de la democracia”.
Y ante este escenario, es lógico suponer que la estrategia de Joseph Goebbds, el publicista de Hitler sigue vigente. Repetir una mentira para que se vuelva “verdad” entre las “masas” y que sea defendida con uñas y dientes al costo que sea, incluyendo el enfrentamiento y la división de los pueblos, en este caso de los mexicanos.
Y el mayor daño es el veneno del odio que se ha inyectado a miles de mexicanos que aún creen que Andrés Manuel López Obrador ha hecho bien las cosas, y creen que ha sido el mejor Presidente, cuando los hechos demuestran todo lo contrario. Y aun así lo defienden y atacan a quienes no piensan lo mismo, a lo largo y ancho del territorio nacional.
Y en la otra versión también nos encontramos que hay parte de información valiosa que, por temor o conveniencia, se oculta. Ya lo decía el periodista Pedro Ferriz de Con que no tendríamos que estar así, si tanto los medios de comunicación como los partidos políticos, no hayan abandonado a México. Ahí están los “otros datos” sobre la elección del 2 de junio que pocos se atreven a exponer, validar o desmentir.
Y poco se ha cuestionado el falso argumento de: con el pueblo todo, sin el pueblo nada, utilizado en cada momento por AMLO y la gente de la 4T y MORENA, incluso en la discusión de la reforma al poder judicial. Peor aún, la frase estratégica de los comunistas de: no mentir, no traicionar y no robar, cuando ha sido todo lo contrario.

