Cuando el Estado sanciona narcocorridos pero permite la burla sistemática a lo sagrado, algo está profundamente roto
El caso del bar Mezontle —autodenominado ‘La Catedral del Perreo’— no es una simple anécdota ni una provocación artística. Es un caso simbólico y grave de desacralización organizada, sostenida por omisiones institucionales. A pesar de la indignación social, los oficios entregados, el pronunciamiento del Obispado y el reclamo ciudadano creciente, las autoridades municipales de Aguascalientes han optado por declarar que ‘no es de su competencia’.
Esa afirmación no se sostiene.
Veamos… recordemos que el mismo establecimiento fue recientemente sancionado por reproducir narcocorridos en su interior. Entonces, ¿por qué sí pueden intervenir por apología del delito, pero no por una campaña estructurada de blasfemia y ridiculización contra una fe viva que de hecho conforma un delito de discriminación religiosa? Esto no es libertad artística: es una forma de odio religioso amparado por la negligencia del poder público.
Esto no es libertad artística: es una forma de discriminación religiosa sostenida por la omisión institucional. En México, no es necesario que te impidan entrar a misa para que exista discriminación religiosa. Basta con que haya una acción reiterada y pública que ridiculice, desprecie o cause hostilidad hacia quienes practican su fe, y eso es precisamente lo que hace esta exposición.
Cuando se burla de nuestro Señor Jesucristo, con utilería y personajes obscenos.
cuando representa la santa Eucaristía como una comunión depravada,
cuando convierte a Cristo, la Virgen o los santos en caricaturas obscenas o
cuando ridiculiza y sexualiza a sus ministros, consagradas y laicos no está “cuestionando” a la religión: está denigrando lo que otros aman, y por lo tanto, está discriminando.
Esto es inaceptable. Si se hubiera hecho con símbolos indígenas, islámicos o de la comunidad LGBT, el Estado habría actuado de inmediato. Insisto: ¿y si fuera Buda? Pero contra los católicos, todo se permite. ¿Por qué esta doble moral? ¿Por qué este silencio cómplice?
No estamos frente a una opinión individual ni ante una provocación accidental. Nos enfrentamos a una estrategia comercial que convierte lo sagrado en espectáculo vulgar. Esto no es ‘apología del desprecio’: es una transgresión explícita, reiterada y lucrativa. La blasfemia aquí no es simbólica, es literal. Y no hay neutralidad posible frente a ello.
Conforme indica el Inventario federal (SIC-Secretaría de Cultura): en Aguascalientes incluye, entre otros, la Romería a la Virgen de la Asunción, confirmando que expresiones religiosas locales son patrimonio vivo. Y la Romería, servidores públicos, es una expresión de la fe católica. Sí, esa que no es defendida de la ofensa, burla, blasfemia, en el mezontle, porque “no les compete”…
El Estado sí se beneficia de la fe… cuando le conviene
El mismo Estado que minimiza la burla sistemática a lo católico es el que celebra, financia o promueve eventos religiosos como la Feria de San Marcos o las peregrinaciones a Nuestra Señora de la Asunción. Se enorgullece del turismo religioso: los templos católicos en Aguascalientes, el Monumento al Cristo Roto y los valores que promueve la fe... hasta que toca defenderla. Entonces se lava las manos. Entonces dice: ‘no me compete’. Entonces calla.

La fe católica no es una idea privada: es un bien común
No olvidemos que la Iglesia no es un club, ni sus sacramentos son decorado. Sus símbolos no están al servicio del marketing. De esa fe, que no quieren proteger, nacen comedores, hospitales, asilos, escuelas, orfanatos, dispensarios y redes de apoyo espiritual y emocional. La fe católica da identidad, cultura, orden y cohesión social. ¿Qué otro sistema aporta tanto a la vida pública?
Nuestra exigencia es legítima, no caprichosa
Por eso no pedimos privilegios: exigimos derechos. El mismo Estado que sanciona por promover delitos debe sancionar por promover la humillación sistemática de lo sagrado. La libertad religiosa no puede depender del contexto o de la conveniencia política. Debe protegerse con claridad, y también con valentía, porque es un derecho humano y es patrimonio cultural inmaterial del Estado y sus habitantes.

La fe no es decorado. La cruz no es disfraz. El altar no es barra de alcohol. La blasfemia no es arte. La omisión no es neutralidad.
Por eso alzamos la voz. Porque esto no es opinión. Es una injusticia con nombre y apellido. Y no vamos a callar.
Este es un llamado a las autoridades: actúen conforme al derecho. Protejan la fe como protegen al orden público. Y es un llamado también a los ciudadanos: no callen, no cedan.
Denuncia. Firma. No te canses.
Porque si nosotros no defendemos lo sagrado… nadie lo hará por nosotros.
(Publicación de Cecilia Rodríguez Galván)

