Por: Yessica Woolrich
Cuando en 1961 un periódico de Filadelfia, Estados Unidos, utilizó por primera vez el término «Black Friday», nadie imaginó que el día de las mayores rebajas del año se convertiría en un evento institucionalizado y rebasaría fronteras.
Fue adoptado por diversos países alrededor del mundo, donde las tiendas y negocios poco a poco implementaron ofertas extremas como una manera de atraer la atención de los compradores, generando así un frenesí de consumo que muchas personas alrededor del mundo han criticado. Incluso levantaron la voz para hacer una crítica de lo que consideran un día de banalidad y que solo fomenta el consumismo, algo que algunos consideran que está causando mucho daño al mundo, principalmente al medio ambiente.
Por esto, en 1992, el artista canadiense Ted Dave comenzó a implementar el 25 de noviembre como el «Día de no comprar nada», como una manera de contrarrestar el consumismo desenfrenado del Black Friday.
Aunque en 1997 se celebró por primera vez de manera oficial dicho evento, es solo hasta ahora que el movimiento iniciado por Dave ha comenzado a ser considerado alrededor del mundo. Por eso, este año, en muchas naciones se han iniciado campañas para fomentar una pausa en las compras innecesarias, al menos por un día.
Para algunos, este día representa un respiro, buscando generar conciencia sobre hacia dónde se ha encaminado la humanidad y cómo el acto de comprar se ha convertido en un problema en una sociedad de consumo que siente la necesidad de tener el último producto del mercado.
Por ejemplo, cuando Apple lanza las nuevas versiones de sus teléfonos y las colas para adquirirlos son kilométricas. Por eso, no es mala idea hacer una pausa, mirar alrededor y preguntarnos qué compras son las que realmente necesitamos, y así celebrar el «Día de no comprar nada».

