Cada línea de ese grito —“NO hay justicia…”— es un eco del dolor, de la impotencia y del abandono. Es un país donde las víctimas claman en silencio porque sus voces han sido sistemáticamente ignoradas, desestimadas o silenciadas.
No hay justicia para quienes pierden lo poco que tienen a manos del crimen organizado. No hay justicia para quienes transitan las carreteras del país con el miedo como copiloto. No hay justicia para las familias que buscan a sus desaparecidos con las uñas y la esperanza como única herramienta. Las carpetas se archivan, las denuncias se diluyen, y el dolor se acumula.
Los periodistas, que deberían ser guardianes de la verdad, son perseguidos por ejercer su libertad. Los campesinos y defensores de la tierra son desplazados, encarcelados o asesinados por proteger lo que es suyo y de todos. Las madres, los inmigrantes, los presos sin causa justa, todos forman parte de una larga lista de nombres que la justicia mexicana ha olvidado.
Hablar de justicia en México es, muchas veces, hablar de una utopía. El Estado, que debería ser garante de derechos, se vuelve cómplice por omisión o corrupción. La impunidad no es excepción, es regla. Y así, la injusticia deja de ser un accidente: se convierte en sistema.
|México: reformando la justicia, debilitando la democracia
NO hay justicia para las víctimas de robos y cobro de piso
NO hay justicia para las víctimas de asaltos en carreteras
NO hay justicia para los miles de desaparecidos y sus familias
NO hay justicia para las víctimas de secuestro
NO hay justicia para los periodistas asesinados y que son víctimas de chantajes y amenazas
NO hay justicia para los periodistas independientes
NO hay justicia para las víctimas de aborto y las madres de familia
NO hay justicia para los campesinos que les quitan sus tierras
NO hay justicia para los defensores del medio ambiente
NO hay justicia para tantos presos injustamente
NO hay justicia para miles de inmigrantes
(Redacción de la Revista FUTURO.)

