Vivió por muchos años en la calle Ejército Nacional número 210, a donde llegaba a bordo de su bicicleta en color negro. Siempre con esa serenidad reflexiva que le caracterizaba su ministerio. Ya era por la tarde, tal vez pasadas las 18:30 horas, otras veces antes cuando alcanzaba a comer, o ya por la tarde-noche porque sus ocupaciones eran muchas.
Nos referimos al “Padre Tacho”, el mismo que estaba ya con la encomienda de irse a una parroquia de Saltillo, Coahuila, pero el Obispo de ese entonces le cambió los planes. Y lo mandó a lo que es ahora las inmediaciones de las colonias Altavista y San Pablo. Y llegó para quedarse.
Anastasio Medina García nació un 27 de abril pero de 1914 en lo que hoy se conoce como Villa Hidalgo, Jalisco, a unos 42 kilómetros de la ciudad de Aguascalientes. Tuvo como compañero a otro destacado sacerdote, el padre Antonio Hernández, fundador de lo que es hoy la Ciudad de los Niños.

Ambos estuvieron en Roma donde realizaron una serie de estudios.
El “Padre Tacho” ocupó diferentes cargos, incluyendo el de Rector del Seminario Diocesano, maestro en el Colegio La paz, canónigo e impulsor de cuatro templos parroquiales. Uno en la Colonia Estrella, otro en Las Viñas, el otro en la Colonia Constitución y el otro en lo que es hoy la colonia Nazario Ortiz Garza, sin omitir el templo de la Virgen de San Juan de los Lagos.
“No hay quinto malo”, se le dijo alguna vez.
Todo comenzó a partir de la colocación de la primera piedra de la capilla el 7 de septiembre de 1961, precisamente en el número 728 de la calle Ponciano Arriaga donde comienza la historia, pues se realizaba la celebración litúrgica bajo la sombra de un mezquite. En ese lugar, años más tarde, se construyó la primera capilla.

Se tienen registradas diferentes versiones, cuyas fechas no coinciden, pues si bien se habla de 1961, correspondería al lugar antes referido, y no al templo parroquial que hoy existe. Hay documentos donde se invita a la concelebración el domingo 2 de mayo de 1975, además de que se hace partícipes a los periódicos El Sol del Centro y El Heraldo, además de empresarios de la época que habrían colaborado para dar a conocer el acontecimiento celebrado, uno y otro, por el entonces Obispo Salvador Quezada Limón.
Personas entrevistadas en lo que es hoy la parroquia de la Virgen de San Juan, y que la mayoría de la gente conoce como el templo “de San Juanito”, refieren que en ese lugar, para iniciar la construcción –el predio que se adquirió fue de 3 mil metros cuadrados- se tuvo que recurrir a las aportaciones de la gente, destacándose el gerente de un banco quien le salía “al quiete” al “Padre Tacho” para pagarle a los albañiles su sueldo.

Pero también se cuenta que alguien llegó a aportar 10 mil pesos. Y otro hecho renombrado, es que llegó una persona humilde y le dejó “una bolsita” al referido sacerdote –ya para entonces Señor Cura-, y la mujer la dejó sobre una mesa, hasta pasadas las horas que la abren, y grande fue su sorpresa que en su interior había nada menos que 30 mil pesos, suficientes para continuar los trabajos de construcción por algunas semanas más, sin tantas mortificaciones.
En realidad la historia es rica, baste mencionar sólo alguna de las actividades del Padre Anastasio Medina, que formó en poco tiempo 100 catequistas y a las celebraciones magnas acudían unas 30 mil personas de diferentes rumbos, entre ellos destacados personajes a quienes conoció durante su encargo en el Seminario diocesano.
Es así que el 2 de mayo de 1975 se bendice lo que es hoy el nuevo templo parroquial.
Se mencionan aportaciones hasta por 60 mil pesos que se habrían juntado por diferentes motivos, incluyéndose la venta de un automóvil que le fue donado a dicho sacerdote pero que él decidió vender para obtener más recursos para la obra, pues solía trasladarse en su bicicleta hasta Jesús María y practicar algún deporte.


No se supo que tipo de vehículo era, pero sí que era el más moderno y nuevo de aquella época.
Casualmente, el mismo día que nació, el 27 de julio, pero ahora de 1958, fue cuando murió su señora madre y cada 25 de abril iniciaba con algunos rosarios a través de los fieles, precisamente en el principal día de la Feria de San Marcos.
Se ha sugerido unir los registros que se tienen con la finalidad de hacer un recuento fidedigno, pero tomándose también en cuenta las vivencias de las personas que acompañaron al padre Anastasio en su peregrinar por lo que es hoy el templo de “San Juanito”, porque la narración que se ha difundido, parece un tanto confusa y hay poca ilación tiene con la secuencia que estrictamente se requiere.
Y es que también la ciudadanía requiere saber con precisión las fechas, hasta cuando estuvo en la capilla de la Ponciano Arriaga, cuando comenzó la construcción a partir de la primera piedra, cuanto duró cada una de las etapas, sin omitir la colocación de las campanas, etc.


Pero lo que es innegable es que el “padre Tacho” y el templo de “San Juanito” han hecho historia. Tan es así que el Obispo don Rafael Muñoz Núñez concedió que las mandas a la Virgen de San Juan pudieran pagarse en dicho recinto religioso, a quien, al igual que al «padre Tacho», tuvimos la oportunidad de conocer persdonalmente.
Era un orgullo escuchar decir a nuestros conocidos que si dicho sacerdote era nuestro vecino. Y sí, vivía enfrente a nuestro domicilio, y cuando nos encontrábamos nos mandaba la bendición, además de que dicha calle no era tan ancha, al menos a principios de la década de los sesentas. (Escribió José I. Vela Pérez).

