Jane E. Brody
El estrés psicológico activa el centro del miedo en el cerebro, poniendo en marcha una cascada de reacciones que pueden conducir a ataques al miocardio y accidentes cerebrovasculares. (Rachel Levit Ruiz/The New York Times)
Seguramente ya estás familiarizado con estos factores de riesgo importantes de la enfermedad cardiovascular: presión arterial alta, colesterol alto, fumar, diabetes, obesidad y falta de ejercicio. También es muy probable que tu doctor te haya revisado más de una vez para saber si corres estos riesgos y, espero, te ha dado consejos o algún tratamiento para evitar un infarto o apoplejía.
Pero ¿tú doctor también te ha preguntado por el nivel de estrés en tu vida? El estrés psicológico crónico, según muestran estudios recientes, podría ser igual de importante —o quizá incluso más— para la salud de tu corazón que los tradicionales factores de riesgo cardiovasculares. De hecho, en la gente con corazones no tan saludables, el estrés mental sobrepasa al estrés físico como un posible precipitante de infartos al miocardio fatales o no fatales, u otros eventos cardiovasculares, de acuerdo con el informe más reciente.
Estudio
La nueva investigación, publicada en noviembre en la revista médica revisada por pares, JAMA, evaluó los devenires de 918 pacientes que se sabía tenían una enfermedad cardiovascular subyacente, aunque estable, para ver cómo su cuerpo reaccionaba al estrés físico y mental. Los participantes se sometieron a pruebas estandarizadas de estrés físico y mental para ver si sus corazones desarrollaban isquemia miocárdica —una reducción significativa del flujo sanguíneo a los músculos del corazón, que puede ser un desencadenante de eventos cardiovasculares— bajo una o ambas formas de estrés. A continuación, los investigadores les hicieron un seguimiento que duró entre cuatro y nueve años.
Entre los participantes del estudio que experimentaron isquemia durante una o ambas pruebas, esta reacción adversa al estrés mental afectó significativamente, de mayor manera que el estrés físico, los corazones y las vidas de los pacientes. Estos tenían más probabilidades de sufrir un ataque cardíaco no mortal o de morir de una enfermedad cardiovascular en los años siguientes.

