Por: Redacción
AGUASCALIENTES, AGS. — La Pona, el último pulmón natural de la ciudad de Aguascalientes y única área natural protegida en la mancha urbana, está hoy en la cuerda floja. La amenaza no proviene de la naturaleza, sino de los intereses económicos que pretenden urbanizar este ecosistema vital. Ante esta alarmante situación, el legislador Fernando Alférez ha alzado la voz con claridad: el Congreso del Estado no solo puede, sino que debe actuar con determinación para frenar la embestida de los llamados “cárteles inmobiliarios”.
“Por intereses mezquinos, quieren acabar con esta riqueza natural”, declaró Alférez, advirtiendo que la desaparición de La Pona no solo significaría la pérdida de biodiversidad, sino que pondría en riesgo la calidad de vida y la salud ambiental de toda la población. Y es que La Pona no es un predio cualquiera: es un refugio de flora y fauna endémica, un regulador del clima local y una barrera contra la contaminación.
El llamado del legislador trasciende banderas partidistas. “Más allá de los intereses de cada partido, ningún diputado debe oponerse al interés general”, sentenció. Alférez subrayó que el Congreso tiene las herramientas legales para actuar, y que las decisiones que emanan de este poder deben prevalecer sobre las presiones externas, por poderosas que parezcan.
Mientras tanto, organizaciones ambientalistas han respaldado esta postura con una batería de argumentos técnicos y jurídicos. En documentos y gráficas han dejado claro por qué la expropiación de La Pona es la única salida viable: porque las permutas o intercambios de terreno simplemente no garantizan la conservación del área ni la integridad ecológica del ecosistema. Las propuestas presentadas apuntan a una expropiación sustentada en el interés público, una figura legal que ha sido utilizada históricamente para salvaguardar bienes comunes frente a intereses particulares.

Pero mientras el Congreso dilata su decisión, los enemigos del entorno natural avanzan. Alférez denunció que los recientes incendios en la zona, presuntamente provocados, son una forma de presión para debilitar el valor ambiental del predio y facilitar su urbanización. Una táctica ruin que refleja el nivel de descomposición que acompaña a estos intereses.
“Parecería que el Congreso se ha convertido en un templo católico, donde solo hay llamadas a misa y no se responde como se debiera”, ironizó el legislador durante una entrevista con la revista FUTURO, haciendo alusión a la falta de acción efectiva por parte de sus colegas. Su exhortación es firme: actuar ya, con decisión y responsabilidad, para evitar que desaparezca el último respiro verde que le queda a la ciudad.

Salvar La Pona no es una opción. Es un deber moral, legal y político. El Congreso de Aguascalientes tiene la oportunidad —y la obligación histórica— de colocarse del lado correcto: el de la vida, el de la naturaleza, el de las futuras generaciones. La ciudadanía no olvidará quién estuvo a la altura.

