En su homilía de este domingo, de lo cual informamos oportunamente, el obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, trazó un paralelismo entre los tiempos de Tiberio, cuando Jesús fue juzgado, y la actualidad, caracterizando ambos periodos por profundas desigualdades, injusticias y una corrupción rampante que sacrifica a los más pobres para enriquecer a los poderosos. Sus palabras, cargadas de una resonancia histórica y moral, invitan a reflexionar sobre las estructuras que perpetúan la inequidad en nuestra sociedad contemporánea.
El obispo denunció que vivimos en un mundo donde “se sigue persiguiendo la verdad”. La afirmación es tan provocadora como certera: en múltiples latitudes, la verdad y la justicia son sacrificadas en aras del poder, mientras la fe y los valores del Evangelio enfrentan retos crecientes. Espinoza Jiménez no sólo condena a los procuradores modernos que saquean a los más vulnerables, sino también a aquellos que, desde la comodidad, intentan instrumentalizar la Iglesia, buscando sacramentos como transacciones vacías, sin compromiso ni preparación.
Las críticas del purpurado tocan temas controvertidos: la planificación familiar, las uniones homosexuales, la renta de vientres, entre otros, temas que la Iglesia aborda desde su doctrina y que generan tensiones entre los fieles y la institución. Pero más allá de estas cuestiones específicas, la esencia de su mensaje radica en una pregunta que interpela a cada creyente: ¿estamos dispuestos a ser testigos de la verdad y trabajar por el reino de Dios?
El obispo también recordó con admiración a quienes, en su cotidianidad, construyen este reino desde la justicia, el amor, la paz y la verdad: el padre o madre de familia que enfrenta los desafíos diarios con fortaleza, el enfermo que encuentra en su sufrimiento una oportunidad de redención, el trabajador que sirve con sencillez. En ellos, Cristo reina.
Finalmente, Espinoza Jiménez evocó a los mártires de la fe de hace un siglo, aquellos que gritaron con valentía “¡Viva Cristo Rey!” en defensa de sus creencias durante la persecución religiosa en México. Este llamado histórico, lejos de ser un recuerdo estático, cobra vida en la invitación a que hoy, como sociedad, asumamos los valores del Evangelio para transformar un mundo marcado por la codicia y la avaricia en uno donde prevalezcan la verdad y la justicia.
La reflexión del obispo es clara: no basta con lamentar las injusticias o criticar las estructuras opresoras. Cada creyente, cada ciudadano, está llamado a construir un entorno donde reine la verdad, la equidad y la solidaridad, sin miedo a enfrentar los desafíos que esto conlleva. Porque sólo desde la autenticidad y el compromiso podremos responder al clamor que trasciende los siglos: “¡Viva Cristo Rey!”.

