En el marco del tercer domingo de Adviento, el obispo de Aguascalientes, Juan Espinoza Jiménez, alzó la voz contra un flagelo que afecta profundamente a nuestra sociedad: la extorsión. En su homilía, el prelado calificó esta práctica como un «cáncer en el ser humano», denunciando el impacto devastador que genera tanto en el tejido social como en la economía de nuestras comunidades.
Espinoza Jiménez reconoció el esfuerzo conjunto entre sociedad y gobierno que ha logrado contener este «cáncer social» en Aguascalientes, un logro que debe servir de inspiración para otras regiones del país. Sin embargo, también dirigió un contundente llamado a las autoridades: «¿Sería justo que las autoridades no utilicen los recursos necesarios para combatir este mal?». Esta interrogante no solo resuena en Aguascalientes, sino también en estados como Sinaloa, Guanajuato y Guerrero, donde la extorsión, el crimen organizado y la violencia han rebasado las capacidades gubernamentales, dejando un rastro de víctimas y dolor.
La extorsión no es solo una transacción ilícita; es un acto que despoja a las personas de su paz, de sus sueños y, en muchos casos, de su vida. En su sermón, el obispo hizo un llamado no solo a los criminales, sino también a las familias y a los administradores de justicia, instándolos a actuar con responsabilidad y a resistir las tentaciones de la corrupción. «Hay hermanos que se aprovechan, que cobran el piso y crean un ambiente muy difícil en los pueblos y en la sociedad», denunció con firmeza.
La pregunta que planteó el prelado —si las autoridades están haciendo todo lo necesario— se convierte en un clamor de la opinión pública. En un país donde a diario se registran hechos alarmantes, esta cuestión no puede ser ignorada. En estados como Sinaloa, donde los grupos delictivos han rebasado a las autoridades, la sociedad se encuentra en un estado de incertidumbre constante. Las cifras de víctimas crecen, afectando no solo a civiles, sino también a elementos de seguridad que entregan su vida en un combate desigual.
Además de la necesaria reflexión sobre la eficacia de las autoridades, surge otra pregunta igual de inquietante: ¿Por qué mantener en cargos públicos a funcionarios que no solo no ofrecen resultados, sino que también podrían estar involucrados como cómplices de estos actos delictivos? La sociedad mexicana no puede permitirse la indiferencia ni la pasividad ante estos problemas.
La unidad y la caridad, virtudes que el obispo invocó en su mensaje, deben convertirse en los pilares de una sociedad que aspire a erradicar la extorsión. La colaboración entre ciudadanos, autoridades y organizaciones civiles es crucial para construir un entorno donde el miedo no tenga cabida y donde cada persona pueda vivir con dignidad y seguridad.
El llamado es claro: basta de indiferencia y complicidad. Es hora de exigir responsabilidad a nuestras autoridades, de fortalecer nuestras comunidades y de luchar juntos contra este «cáncer social» que tanto daño ha causado. Que el ejemplo de Aguascalientes sea la luz que guíe a un México libre de extorsión y violencia.
(Editorial de la revista FUTURO 19 de Diciembre 2024)

