Por: José I. VELA PÉREZ *
Este Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, la Iglesia católica en Aguascalientes elevó una voz que rehúye la ambigüedad. Desde la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, el obispo Juan Espinoza Jiménez reiteró una convicción que no admite matices: no existe el derecho a quitar la vida a un inocente. Llamar “derecho” al aborto —advirtió— no solo desfigura el lenguaje moral; convierte un acto de muerte en una falsa conquista y legaliza la eliminación del ser humano más vulnerable.
El mensaje leído en todos los templos y parroquias no fue un pronunciamiento aislado ni una consigna ideológica. Se trató de una interpelación a la conciencia pública, pronunciada en un contexto donde iniciativas, resoluciones y discursos buscan normalizar la supresión de la vida en gestación. “Una sociedad que hiere sistemáticamente la vida de los más débiles hiere también su propia alma”, subrayó el obispo, al tiempo que recordó que, donde la vida es amenazada, debe resonar con mayor claridad el anuncio del Cordero de Dios.
La Iglesia, sostuvo, no puede callar. Menos aún cuando lo que está en juego es el principio fundante de toda dignidad humana. Defender la vida naciente no es una postura partidista; es una exigencia que brota tanto de la fe bíblica como de la razón humana. Cuando una sociedad pierde la capacidad de reconocer el valor sagrado de la vida en su inicio, se erosionan todas las demás defensas de la dignidad: hoy el concebido; mañana el enfermo, el anciano, el descartado. Hoy se diluye la responsabilidad materna; mañana, desde la misma distorsión, la paterna.
En ese horizonte, el obispo convocó a compromisos concretos que buscan traducir la palabra en acción: la oración diaria por la vida en gestación; la participación en la Hora Santa a favor de la vida en todas las parroquias; y la Jornada a favor de la vida del próximo 25 de enero, cuando se bendecirá a las madres embarazadas en todas las misas diocesanas. La respuesta cristiana —enfatizó— no enfrenta a la mujer con su hijo; cuida la vida de ambos y exige, con coherencia, la responsabilidad de todo padre.
El pronunciamiento se da, además, en un clima de silencios elocuentes frente a decisiones y debates que avanzan desde distintas instancias del poder público. En tribunales y congresos se discute cuándo permitir y cuándo no la eliminación de seres indefensos, mientras algunos discursos mediáticos intentan suavizar la realidad al llamar “interrupción” a lo que no puede reanudarse. Para la Iglesia, ni siquiera debería estar a discusión: la tarea es encaminar políticas y acciones que salven ambas vidas, prevengan embarazos no deseados con mejores oportunidades de bienestar y destierren las verdades a medias.
Con particular énfasis, el obispo cuestionó la deriva cultural que, desde ideologías dominantes, presenta la continuidad de la vida como una carga y no como un don; que reduce al ser humano a “producto” para hacerlo desechable. Frente a ello, recordó un principio ineludible de la moral cristiana: ninguna circunstancia, finalidad o ley puede hacer lícito un acto intrínsecamente ilícito.
El editorial “Desde la Fe” cerró este domingo con preguntas que trascienden el debate del aborto y alcanzan el corazón de la vida social: ¿cuántos bautizados participan de la violencia, de la corrupción, de la desaparición de personas? ¿Cuántos promueven el aborto como un derecho? ¿Nos duele el sufrimiento de los pobres y los migrantes o alimentamos el odio hacia quien piensa distinto?.
Son interrogantes incómodas, pero necesarias. Porque, como recordó la voz episcopal desde Aguascalientes, cuando la vida se relativiza, todo lo demás queda a merced del cálculo. Y una sociedad que negocia el valor de la vida termina, inevitablemente, negociando su propia humanidad.
¿Por qué, quienes ya nacieron quieren que otros no nazcan?.
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DR. H.C. José Isabel Vela Pérez, Director General de la Revista FUTURO *
19 de Enero 2026.

