*La Iglesia Católica en México Renueva su Compromiso de Ser Voz de los Que No Tienen Voz, Tras Descubrimiento de Campo de Exterminio en Jalisco
En un conmovedor pronunciamiento, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) expresó su profunda indignación y dolor ante el reciente hallazgo de un campo de exterminio y entrenamiento del crimen organizado en el rancho Izaguirre, ubicado en Teuchitlán, Jalisco. Este descubrimiento, que incluye la presencia de crematorios clandestinos, revela una de las manifestaciones más estremecedoras de la violencia que azota al país y constituye una alarmante evidencia de la crisis de seguridad y justicia que enfrenta México.
En un mensaje oficial, los obispos mexicanos denunciaron que estos actos criminales atentan directamente contra la dignidad humana, que según la doctrina católica, está «creada a imagen y semejanza de Dios». Los prelados hicieron un llamado urgente a la sociedad y a las autoridades para reconocer la gravedad de la situación y tomar acciones concretas para frenar la ola de violencia, que ha dejado un saldo devastador de desapariciones forzadas y homicidios.

Los obispos advirtieron que el descubrimiento de este campo de exterminio no es un caso aislado, sino que forma parte de una tragedia nacional. Según el CEM, existen múltiples sitios similares en todo el país donde se han perpetrado los más atroces crímenes contra la humanidad, y esto pone de manifiesto la descomposición que enfrenta la sociedad mexicana debido a la violencia desmedida y la impunidad.
Una de las críticas más contundentes de la Iglesia se centró en la omisión y falta de acción por parte del gobierno frente a la creciente crisis de desapariciones forzadas. A pesar de que los informes oficiales indican una reducción en los homicidios dolosos, las desapariciones han aumentado en un 40%, afectando principalmente a jóvenes, lo que refleja una contradicción alarmante en la política de seguridad pública del Estado. Los obispos consideran que este aumento de desapariciones refleja no solo una incapacidad del gobierno para garantizar la seguridad, sino también una política de encubrimiento que obstaculiza el acceso a la verdad y la justicia.
En este contexto, la Iglesia Católica también destacó el valioso trabajo de las madres buscadoras y otras organizaciones de la sociedad civil que, con valentía y determinación, han hecho significativos avances en la localización de sus seres queridos. Estas madres, que con dolor y esperanza han enfrentado la impunidad y la indiferencia, fueron aplaudidas por los obispos, quienes instaron a la sociedad a solidarizarse con estos colectivos y a colaborar en la lucha por la justicia.
El episcopado mexicano exhortó a las autoridades federales y estatales a investigar con transparencia y eficacia los hallazgos, a fortalecer los mecanismos de búsqueda e identificación de personas desaparecidas, y a implementar políticas públicas que prevengan estos crímenes, protejan a las víctimas y garanticen que no se repitan. Además, los obispos hicieron un llamado a romper los vínculos entre el crimen organizado y ciertos sectores políticos que han facilitado el desarrollo de esta crisis moral y de violencia que afecta al país.


En su mensaje, los obispos enfatizaron que México no puede seguir ignorando esta realidad. «Como nación debemos comprometernos a un rotundo: ¡NUNCA MÁS!», afirmaron, exigiendo un compromiso firme del gobierno para erradicar las atrocidades perpetradas por el crimen organizado. La Iglesia Católica en México renovó así su compromiso de ser una voz para los que no tienen voz, ofreciendo su colaboración para afrontar esta crisis humanitaria y contribuir a la reconstrucción del tejido social tan devastado por estos actos de violencia extrema.
Durante este tiempo de Cuaresma, la Iglesia también invitó a la comunidad católica a intensificar sus oraciones por las víctimas de desaparición forzada y sus familias, y a sumarse activamente a los esfuerzos de las madres buscadoras y los colectivos de búsqueda. «Trabajemos juntos por la paz», expresaron, renovando su compromiso en la lucha por la justicia, la verdad y el respeto irrestricto a la dignidad humana. Con estas palabras, los obispos concluyeron su mensaje, reafirmando su misión de ser un faro de esperanza en medio de la oscuridad que vive México.

