* Un Llamado a la Empatía y al Amor Verdadero
Aguascalientes, Ags.- Durante la Celebración Eucarística del domingo, en su homilía, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, abordó el tema del amor y su impacto en la vida cotidiana. Subrayó que tanto el amor a Dios como el amor a las personas a nuestro alrededor constituyen pilares fundamentales de la felicidad y bienestar personal. Además, invitó a la comunidad a «ponerse en el lugar del otro» y practicar la escucha activa, ya sea en el ámbito familiar, laboral o en cualquier espacio de convivencia.
El Obispo Espinoza invitó a reflexionar con las preguntas: “¿Qué tan grande es nuestro amor hacia Dios? ¿Qué tan grande es nuestro amor hacia los demás?”. Asimismo, alertó sobre los riesgos del egoísmo y de un amor que muchas veces se malinterpreta como dependencia. Destacó que, en ocasiones, se tiende a buscar recibir afecto en lugar de ofrecerlo genuinamente a los seres queridos, sean estos la pareja, los hijos o a uno mismo.
En otro momento de su mensaje, el Obispo instó a pensar en la importancia de valorar el presente y de expresar afecto de manera directa y sincera a las personas queridas. Mencionó que “a veces la melancolía y la tristeza nos acompañan por recuerdos pasados”, recordando que lo verdaderamente importante es el presente, animando a sus oyentes a demostrar amor ahora, mientras tenemos a nuestros seres queridos. “Una flor, un ‘te quiero’, un ‘te amo’, o un ‘perdóname’ pueden cambiar mucho”, destacó.
En el contexto de las lecturas del día, Monseñor Espinoza explicó que, en tiempos de Jesús, existían 613 preceptos además de los diez mandamientos de Moisés, distribuidos en mandatos positivos y negativos. Mencionó que el mensaje fundamental que Jesús enseñó al respecto se puede sintetizar en el mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, alma y fuerzas. Resaltó que este primer mandamiento también nos invita a llevar estos preceptos en el corazón.
El segundo mandamiento, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, también fue mencionado por el Obispo. Señaló que ambos mandamientos están interrelacionados y que no es posible comprender uno sin el otro, pues amar es la base para vivir de forma plena y para acercarse a Dios. Recordó que el amor auténtico implica escuchar, empatizar y recordar que todos, sin excepción, tenemos dignidad y valor.
Monseñor Espinoza reflexionó sobre las formas incorrectas de entender el amor en la actualidad, mencionando que algunas personas confunden el amor con la necesidad de ser amados o con un afecto interesado. “Amar es escuchar al otro y comprender su valor como persona”, concluyó, resaltando la importancia de reconocer que todos somos seres con dignidad.


El amor y la felicidad
Espinoza Jiménez dijo que, del amor a Dios y a nuestros hermanos, depende la felicidad de cada uno de nosotros, y pidió ponernos “en el zapato del otro” y escucharlo, tanto en la familia, en el trabajo o en cualquier lugar donde nos encontremos.
Y preguntó: ¿qué tan grande es el amor a Dios, qué tan grande es el amor a nuestros hermanos?, para reflexionar sobre el egoísmo y en el mal entendido amor que muchas de las veces es dependencia, además de que buscamos que nos quieran en lugar de querer a nuestra pareja, a nuestros hijos y a nosotros mismos.
El Obispo de la Diócesis habría preguntado también en el cuanto, en el cómo y en el a quién amamos, y dijo que sin duda ayer hubo momentos de mucha melancolía, de tristeza y hasta lágrimas, cuando que lo más importante es ahora, el llevarle una flor a ese ser querido que aún tenemos, y decirlo “un te quiero, un te amo, un perdóname”.
Y con ello, “vayamos libres porque supimos amar”.
Hizo hincapié, en este contexto, de que “Dios siempre nos ama, nunca nos abandona”.
Sobre la lectura de hoy, el Obispo Espinoza Jiménez explicó que en tiempos de Jesús había 613 preceptos que cumplir, además de los 10 mandamientos de Moisés, y de ese primer número, 365 eran negativos y 248 positivos, y es cuando el Señor habla del primer mandato Dios: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he transmitido”.
Y es que, dijo, el amor es el primero de todos los mandamientos y lo más importante para todo creyente, “y con eso ganaríamos mucho” si lo cumplimos.
Y está el segundo, que va entrelazo, y no se puede entender el uno sin el otro: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Por ello es que amar es la única forma sana de vivir y de llegar a Dios.
Amar, precisó, es escuchar al otro, y tener en cuenta que todos somos hijos de Dios y con dignidad.

