*TODO ESFUERZO DEBE ESTAR ENCAMINADO A BUSCAR LA PAZ INTERIOR: PADRE «PANCHITO»
Por Redacción
Aguascalientes, Ags. – Con una homilía profundamente reflexiva y cargada de realismo humano, el padre Francisco García Zavala, mejor conocido como “Panchito”, conmovió a los fieles del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe durante la misa de las 7:00 de la mañana, al abordar la importancia de la paz interior y el poder transformador del perdón.
“Arrieros somos y en el camino andamos”, fue la frase con la que el sacerdote abrió su mensaje, subrayando que la vida es un sendero compartido donde tarde o temprano nos volvemos a encontrar con las consecuencias de nuestros actos. No se trata solamente de una advertencia moral, dijo, sino de una invitación a transitar el camino con sabiduría, especialmente en momentos de adversidad cotidiana.
Durante su mensaje, el padre Panchito enfocó buena parte de su homilía en los problemas que aquejan a muchos matrimonios hoy en día. Denunció la tensión creciente, los reproches y las heridas que impiden alcanzar esa paz tan anhelada. “La caridad, la paciencia y la mansedumbre son necesarias, pero el ingrediente fundamental es el perdón”, afirmó con firmeza.
Una anécdota reveladora
En un tono más coloquial, el sacerdote relató una experiencia de juventud que le marcó profundamente. Recordó haber conocido a un personaje «malo, pero malo de verdad», en los años ochenta, poco antes de ordenarse sacerdote. Esta persona, al hablar de quienes actuaban de forma negativa, repetía la expresión “déjelos gatear”, y si no corregían, afirmaba sin reparo: “hay que darles cuello”. Esta cruda anécdota le sirvió a García Zavala para contrastar la lógica de la venganza con la enseñanza cristiana del perdón.
“Nuestros pecados no le hacen daño a Dios, nos lo hacemos a nosotros mismos”, recalcó más adelante, al referirse a la necesidad de una fe vivida con coherencia. Desestimó creencias populares como el “karma”, asegurando que, más allá de supersticiones, son los propios actos los que definen el rumbo de nuestras vidas.
En este sentido, subrayó la importancia del sacramento de la confesión, no como un rito vacío, sino como un acto profundo de reconciliación y sanación.
El ejemplo de José: perdón en lugar de venganza
La primera lectura del día, tomada del libro del Génesis, sirvió como el eje central de la reflexión. Se trató del relato de José, quien, pese a haber sido traicionado por sus hermanos y vendido como esclavo, eligió el perdón en lugar de la revancha cuando tuvo el poder en sus manos. José, dijo el padre Panchito, representa la capacidad humana de trascender el dolor mediante la caridad, convirtiéndose en un ejemplo vivo de la misericordia.
“José no buscó venganza, aunque tenía el poder para hacerlo. Lloró en silencio, porque el perdón también duele”, señaló el sacerdote, visiblemente conmovido.
Un llamado vigente
En un mundo donde el rencor y la división parecen imponerse, el mensaje del padre Panchito resonó con fuerza entre los fieles: volver al perdón como camino de liberación personal y social. “De nosotros depende que nos vaya bien o mal. No se trata de suerte, se trata de decisiones”, concluyó, reiterando que la paz interior comienza con la reconciliación personal y la compasión hacia los demás. Y es el confesionario la puerta a la libertad.
Una vez más, desde el altar y con palabras francas, el padre Panchito nos recordó que todos caminamos por la misma vereda de la vida, y que en ese sendero, siempre tendremos la oportunidad de elegir entre la herida o la sanación. Porque al final, arrieros somos… y en el camino andamos.
Mención aparte la petición tras el 39 aniversario del fallecimiento de su señora madre que coincidió en miércoles, y de su padre con poca diferencia.

