En un emotivo mensaje a través de sus redes sociales, Ceci Flores Armenta, líder del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, respondió a las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum respecto al caso Teuchitlán, Jalisco, donde recientemente se encontraron cientos de zapatos, prendas y lo que parece ser un sitio de exterminio en el rancho Izaguirre.
Sheinbaum había pedido esperar más información sobre el caso, mientras también cuestionaba las críticas hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador, en relación con la creciente violencia y la crisis forense en México. En su intervención, Sheinbaum hizo alusión a las acusaciones que aseguran que el gobierno de López Obrador ha sido ineficaz en la lucha contra la violencia, particularmente en lo que respecta a las desapariciones forzadas y la corrupción que permea las investigaciones.

No obstante, la respuesta de Ceci Flores fue directa y contundente. En su cuenta de X, la activista replicó: «No presidenta Claudia Sheinbaum, no se equivoque, a los únicos que golpearon en Teuchitlán fue a nuestros hijos; también los convirtieron en cenizas para que nadie más pudiera volver a abrazarlos. Disculpe las molestias que pudiera ocasionarle el dolor de todo un país.» Con estas palabras, Flores remarcó que el dolor y sufrimiento no es político, sino el resultado de la violencia y las víctimas de desapariciones, personas a las que ella representa y por las que lucha.
El caso de Teuchitlán ha sacado a la luz la crudeza de la violencia en México, con la reciente localización de varios crematorios clandestinos en la zona. Desde 2019, las autoridades reportaron hallazgos de cuerpos calcinados en ese mismo lugar, sin que se tomaran medidas adecuadas para investigar o frenar la impunidad que rodea estos crímenes.
El hallazgo y la impunidad
En agosto de 2019, elementos de la Guardia Nacional informaron del hallazgo de restos calcinados en Teuchitlán, específicamente en la comunidad de La Estanzuela, justo donde en marzo de 2025 se localizaron los crematorios clandestinos. Los informes revelan que, a pesar de la magnitud de los hallazgos, no hubo una acción efectiva para esclarecer los hechos ni para prevenir nuevas atrocidades en la zona. De hecho, en las primeras horas del 5 de marzo de este año, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, liderado por personas como don Raúl Servín, descubrió tres crematorios con restos humanos reducidos a cenizas. Para Servín, el dolor y la desesperanza que esto provoca son indescriptibles: «Aquí fueron quemados cientos de personas. Fue mayor la cantidad de restos humanos que quedaron de las personas. Fue más impactante el saber que las personas quemadas en cada horno fueron reducidas a nada. Nos hace pensar muchísimas cosas a los que sufrimos este dolor.»
La denuncia sobre la negligencia de las autoridades fue inmediata. Tras el hallazgo, los miembros del colectivo llamaron al 911, pero fue hasta las 4:30 p.m. cuando la Policía Municipal llegó al lugar. «Los de la Fiscalía estaban molestos porque ahora sí que los evidenciamos», relató Servín, quien explicó que, a pesar de los hallazgos documentados, las autoridades ya habían considerado concluida la investigación en el lugar. La falta de respuesta oportuna y el trato indiferente de las autoridades, según Servín, solo contribuyen a la perpetuación de la impunidad.
La voz de las víctimas y la lucha por justicia
La tragedia de Teuchitlán no solo es una cuestión de desapariciones, sino también de la sistemática negación de justicia para las víctimas y sus familias. Los miembros de los colectivos de búsqueda, como Guerreros Buscadores de Jalisco, enfrentan a un sistema que parece indiferente a sus esfuerzos y que, incluso, protege a aquellos responsables de estos crímenes. Al mismo tiempo, las críticas hacia el gobierno federal y las autoridades estatales continúan creciendo, pues las familias de las víctimas se sienten abandonadas.

En este contexto, las declaraciones de Claudia Sheinbaum y las respuestas de las víctimas revelan la desconexión entre el discurso político y la realidad dolorosa de miles de familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos. La indignación y el reclamo por justicia son claros: mientras el gobierno federal insiste en su enfoque de esperar más información, los colectivos de búsqueda y las madres que luchan por encontrar a sus hijos exigen respuestas inmediatas y, sobre todo, que se ponga fin a la impunidad que permite que estos crímenes continúen.
En el caso de Teuchitlán, como en muchos otros en México, la justicia parece estar demasiado lejos, y las familias, encabezadas por madres como Ceci Flores, siguen luchando por dar voz a los caídos y por encontrar la verdad detrás de la violencia que azota al país.
Pero es un hallazgo adicinal encontrado que hace envilecer los ya horrendos testimonios: el altar al diablo o a la llamada «Santa Muerte» que es el mismo «asquerosísimo diablo», por lo que se explica la maldad extrena, y la eficacia en lo sanguinario.


