//En las profundidades del oriente de Aguascalientes, más allá de los fraccionamientos cerrados y los anuncios de desarrollos inmobiliarios, se libra una batalla silenciosa pero firme. No es sólo La Pona la que resiste. El Malacate, una comunidad enclavada en uno de los últimos corredores biológicos de la ciudad, ha tomado la defensa del agua y de su entorno natural como una lucha por la vida misma.
Desde hace más de un año, los habitantes del Malacate se han mantenido en resistencia frente a la obra hidráulica impulsada por el Modelo Integral de Aguas de Aguascalientes (MIAA), cuya verdadera intención –según denuncian– no es dotar de agua a comunidades hermanas, como inicialmente se prometió, sino desviar el recurso a nuevos fraccionamientos proyectados en la zona Malacate-Cobos.
Promesas rotas y firma bajo engaño
La historia comenzó con una serie de firmas recabadas bajo falsas promesas. “Nos dijeron que las obras serían para beneficio de la comunidad, que iban a mejorar la infraestructura”, recuerdan los vecinos. Incluso personas analfabetas fueron inducidas a firmar. Con ese presunto “permiso”, MIAA inició la instalación de una tubería de 16 pulgadas de diámetro para extraer más agua del pozo que, desde hace 13 años, ya abastece a fraccionamientos como Fundadores, Mujeres Ilustres y Reencuentro.
En agosto de 2024, la comunidad descubrió que la tubería se dirigía hacia la ciudad y no hacia El Relicario, como había afirmado la paraestatal. La confirmación llegó por boca de un trabajador: el agua sería utilizada para fraccionamientos nuevos.


Una resistencia organizada
La respuesta fue inmediata. Con organización comunitaria, hombres y mujeres del Malacate decidieron frenar la maquinaria hasta que MIAA presentara estudios técnicos del proyecto. Nunca llegaron. En cambio, llegaron retroexcavadoras, intentos de arrollamiento, policías armados, insultos misóginos y amenazas directas. Comenzó una etapa de vigilancia constante, día y noche, durante cuatro meses.
“Nos mandaron convoyes, nos hostigaron, desprestigiaron, tumbaron mezquites y nopales, intentaron sembrar discordia, ofrecieron sobornos y amenazaron con dejarnos sin agua”, relatan. El hostigamiento fue tal, que incluso se reportaron asaltos y cortes de energía frecuentes en la comunidad.
Durante ese tiempo, MIAA celebró siete reuniones con vecinos del Malacate. Pero nunca presentó estudios formales. Sólo un croquis básico. Lo que sí ofrecieron fue otra hoja en blanco para firmar.
Triunfos legales y represalias
En enero de 2025, con el apoyo de la Clínica de Litigio Estratégico de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) y el Observatorio de Violencia Social y de Género, la comunidad logró detener la obra a través de amparos judiciales. La tubería, de 5.5 kilómetros, quedó incompleta, faltando el último tramo por el arroyo del Malacate.
El 4 de marzo, mientras la comunidad combatía un incendio forestal de gran magnitud, presuntamente provocado, los trabajadores regresaron para continuar la obra, aprovechando el caos. No lograron concluirla.
El pasado 22 de mayo, la comunidad fue informada de que un tribunal federal había revocado la suspensión del amparo concedido a la zona de La Pona, en lo que los vecinos consideran un movimiento judicial sospechoso. Al día siguiente, MIAA notificó su intención de reiniciar las obras y el 27 de mayo se presentaron, pero fueron nuevamente detenidos por los vecinos.


Hostigamiento constante
Desde entonces, miembros del colectivo han sido acosados telefónicamente, culpabilizados y amenazados. A pesar de que el amparo principal sigue vigente y la obra legalmente suspendida, las intimidaciones no cesan.
No es sólo La Pona. Es Malacate. Es el agua.
Para los habitantes del Malacate, esta lucha no es sólo por un pozo. Es por su derecho al agua, a la tierra, al medio ambiente sano y a decidir sobre su territorio. “No ocupamos más agua”, les dijo el titular de MIAA, Pedro Vallín, intentando justificar la reducción de su dotación a apenas un litro por segundo.
Las similitudes con el caso de La Pona son inquietantes: procesos judiciales revirados de forma exprés, notificaciones nocturnas y maquinaria activa al amanecer. La comunidad no tiene dudas: se trata de un proyecto de saqueo disfrazado de servicio público, para dar viabilidad a intereses inmobiliarios.
Apoyo colectivo y llamado urgente
La comunidad agradece el respaldo de medios independientes, colectivos ambientalistas como la Alianza por el Bosque de los Cobos, ONG’s de derechos humanos, la UAA, el Cemda y otras voces que han amplificado su causa. “Seguiremos hasta que se resuelva”, afirman con firmeza.
Como escribe Vale López en redes sociales: “La ambición es tremenda, atentar contra la vida de las personas para lograr su objetivo es algo muy turbio.”
Y como recuerda otro habitante del Malacate: “Sin recursos naturales no hay vida.”
En Aguascalientes, no sólo La Pona. También el Malacate se defiende. Y lo hace con la vida.
Más detalles en:https://www.facebook.com/SalvemosLaPona?locale=es_LA

