Aguascalientes, Ags.- En un fuerte llamado a la conciencia social, el Obispo Juan Espinoza Jiménez advirtió durante la misa dominical en la Catedral Basílica que hoy se vive en una sociedad donde se promueven leyes que atentan contra la fe, la vida y la familia, y que incluso pretenden que el asesinato de inocentes deje de considerarse un delito.
El prelado señaló que estas disposiciones legislativas, enmarcadas en debates sobre la llamada “interrupción del embarazo”, sabedores de que la vida no se reanuda, representan un retroceso que normaliza la violencia contra los más vulnerables. “Estamos en una sociedad en donde hoy se atenta contra la familia con el aborto, en una lucha de leyes en donde pretenden que no sea delito un asesinato: arrancar la vida inocente”, expresó con firmeza.
Espinoza Jiménez advirtió que la lógica del individualismo y la permisividad ha generado un vacío moral, especialmente entre las nuevas generaciones, quienes crecen bajo la idea de que todo debe obtenerse de manera inmediata y sin esfuerzo. Esto, dijo, fomenta una “felicidad ficticia” basada en apariencias y en la ley del menor esfuerzo.
El obispo criticó que la exaltación de la libertad personal se use para justificar cualquier conducta, debilitando la vida social y abriendo paso a debates que ponen en riesgo la dignidad humana. “Nos estamos erigiendo como autosuficientes y creemos que la opinión personal está por encima de la verdad objetiva”, puntualizó.
Asimismo, exhortó a los padres de familia a formar a sus hijos en la disciplina y la constancia, en lugar de cederles todo con facilidad. “La vida eterna no es un derecho adquirido, es un regalo que requiere esfuerzo, humildad y fidelidad”, recordó.
En su homilía, insistió en que la salvación no puede reducirse a los placeres momentáneos y que la misericordia debe vivirse en actos concretos de servicio hacia los demás: alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, visitar al enfermo y acompañar al encarcelado.
Llamó a la sociedad a rechazar la permisividad total y a recuperar los valores permanentes que dan sentido a la vida. “El mundo actual está necesitado de esto; aquí no termina todo, no podemos aferrarnos a placeres sin límites ni justificarlo todo en nombre de la libertad”, concluyó.
Monseñor Espinoza Jiménez subrayó que el afán por lo material ha desplazado al desarrollo humano, de modo que los jóvenes crecen con la idea de que todo debe obtenerse de manera inmediata. Esta visión, dijo, favorece el individualismo y genera una sociedad incapaz de asumir compromisos de fondo.
Señaló que el cambio requiere acciones concretas de solidaridad hacia quienes enfrentan hambre, enfermedad, soledad o vulnerabilidad, y afirmó que construir un entorno más justo, pacífico e incluyente depende de recuperar la empatía y el compromiso colectivo.
Avanzamos en ciencia, retrocedemos en humanismo
“Estamos en una sociedad en donde hoy se atenta contra la familia con el aborto, en una lucha de leyes en donde pretenden que no sea delito un asesinato: arrancar la vida inocente, atenta contra la tolerancia y cuanto valor moral haya lo convertimos en relativismos y se da la espalda a los valores permanentes, y así nos estamos erigiendo como autosuficientes y nos sentimos guías de nuestra conducta, ya creemos que la opinión personal está por encima de la objetiva, precisó.
Puso en claro que “La sociedad está haciendo surgir un hombre amoral, que resalta el valor de las cosas y olvida el espíritu; se vuelven personas superfluas que se dejan llevar por oropeles y apariencias”.
La salvación es una “gema” que pareciera no importar en nuestros días, porque vivimos “fuera de todo cuestionamiento de lo que hay más allá, quitando del horizonte del ser humano lo eterno y sólo importa el aquí y ahora, lo momentáneo, lo pasajero de la vida y sin darle importancia a lo que sucede después de la muerte biológica y lograr en esta vida lo que se requiere de esfuerzo para la salvación, que no es un derecho adquirido, es un regalo que hay que alcanzarlo con esfuerzo, humildad y fidelidad”.
Exhortó a los padres de familia a educar a sus hijos haciéndoles saber que, para lograr las cosas más importantes, hay que tener disciplina, constancia y esfuerzo, “porque aquí en la tierra nos estamos jugando la vida eterna».
Explicó que hay quienes no quieren darse cuenta de que “nos estamos jugando la vida eterna y cuando lo hagan empezarán a ser mejores y a vivir el Evangelio, el mundo actual está necesitado de esto y aquí no termina todo, por eso no hay que aferrarnos a pasarla bien, aquí la felicidad es ficticia y también los oropeles que ofrece el menor esfuerzo, dejarse llevar por placeres sin límites. Ser cristianos no es fácil y por eso hemos caído en la permisividad total y nos permitimos todo, incluso justificamos viviendo esa libertad personal”.

