Ciudad de México — Miles de personas, en su mayoría jóvenes, tomaron las calles este 2 de octubre para conmemorar el 57º aniversario de la matanza de Tlatelolco, en una jornada marcada por el recuerdo, la exigencia de justicia y a actos de violencia con agresiones a uniformados y ciudadanía, sin omitir los destrozos por establecimientos e edificios históricos.
Estudiantes de preparatorias y universidades, activistas, colectivos sociales y sobrevivientes del 68 marcharon desde la Plaza de las Tres Culturas hasta el Zócalo capitalino, en una movilización que año con año busca mantener viva la memoria de los jóvenes asesinados en 1968 y reclamar al Estado respuestas aún pendientes, sabedores de que pocos sobrevivientes son los que toman parte de esas manifestaciones destructivas que siembran odio entre la sociedad.
Con pancartas, consignas y retratos de los caídos, miles de manifestantes caminaron por las principales avenidas del Centro Histórico en un ambiente, de tensión y reflexivo. Sin embargo, como ha ocurrido en ediciones anteriores, también se registraron episodios de confrontación y vandalismo.


Destrozaron comercios y agredieron a empleados de los mismos.
Un grupo identificado como parte del bloque negro protagonizó disturbios en varios puntos de la marcha. Encapuchados realizaron pintas, rompieron cristales de negocios, saquearon locales y arrojaron petardos, palos y otros objetos contundentes contra elementos de la policía antimotines que resguardaban la plaza de la joyería en el Zócalo.
La respuesta policial se mantuvo contenida en su mayoría, aunque hubo momentos de tensión cuando los elementos intentaron contener a los grupos más radicales. Hasta el cierre de esta edición, no se habían reportado detenciones ni heridos de gravedad.
A pesar de los incidentes, la esencia de la jornada se mantuvo: la exigencia de verdad y justicia para las víctimas del 2 de octubre de 1968. “No olvidamos, no perdonamos” fue la consigna más repetida, acompañada por el histórico “¡Fue el Estado!”.
Los ausentes, los familiares de las víctimas que en su gran mayoría han encontrado resignación mientras que los grupos radicales han tomado como propia esa lucha en busca de justicia, generalmente con signos de violencia y destrucción que permite y avala la autoridad en una supuesta libertad de manifestación.

