AGUASCALIENTES, AGS. – Durante la celebración matutina en el Santuario Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, se extendió un llamado a la feligresía para transformar la manera en que se dirigen a la divinidad, subrayando que la oración no debe entenderse como un catálogo de caprichos, sino como un ejercicio de conciencia.
La pedagogía del «Padre»
Tomando como base el Evangelio de San Mateo (7, 7-12), el joven sacerdote celebrante explicó que, si bien la escritura invita a «pedir, buscar y llamar», esto no implica una concesión automática de deseos superficiales.
“No por caprichos ni berrinches Dios responderá a nuestras súplicas”, enfatizó el clérigo durante la homilía.
Para ilustrar este punto, utilizó una analogía cotidiana: así como un padre niega un dulce a un hijo enfermo a pesar de su insistencia —ofreciéndole en su lugar la medicina que realmente necesita—, el Creador discierne entre lo que el creyente desea y lo que realmente le beneficia.
Orar para tomar conciencia
El mensaje central de la mañana giró en torno a la omnisciencia divina. El sacerdote aclaró que, aunque Dios conoce de antemano las carencias de cada individuo, la insistencia en la oración tiene un propósito humano: la toma de conciencia.
El objetivo: Que el creyente analice si lo que solicita es para su bien o si, por el contrario, recibirlo le causaría un perjuicio a largo plazo.
La clave: El discernimiento sobre la propia existencia y las verdaderas necesidades del espíritu.
La Regla de Oro
Al cierre del mensaje, se recordó el cierre de la lectura evangélica, la cual resume «la ley y los profetas» en una máxima de convivencia social: «Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes». Con esto, se exhortó a los asistentes a no solo pedir con sabiduría, sino a actuar con coherencia en su trato con el prójimo.

