Lo que pasa es que López Obrador, para variar, cambió y se le entregó. De llamarlo nazi lo trató de su amigo y yo sigo pensando lo mismo de él. Bueno, de los dos
La felicidad pasa por reconocer los errores.
Florestán.
Por: Joaquín López- Dóriga
Cuando Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump eran candidatos presidenciales, éste no sabía nada de aquél.
Tanto que, durante 2016, López Obrador lo insultó como quiso sin que allá produjera reacción alguna. Lo llamó racista y neonazi: Es como los líderes fascistas del pasado. Su discurso xenófobo es peligroso y fomenta el odio a los mexicanos, dijo.
Ya en 2017, siendo Trump presidente y AMLO en campaña, visitó Estados Unidos y anuncio que lo denunciaría ante la ONU y otros organismos internacionales por sus políticas antinmigrantes y violatoria de los derechos humanos. México no debe quedarse callado ante sus agresiones verbales, decía y lo calificó de neonazi, racista, autoritario e ignorante y comparó con Hitler y Mussolini: su retórica está basada en el miedo y la manipulación. Usa a los migrantes mexicanos como chivos expiatorios para ganar votos, tal como lo hicieron los lideres fascistas en su tiempo.
Tras la visita de Trump a Enrique Peña Nieto en Los Pinos, el 16 de agosto de 2016, dijo que había sido una humillación y un error grave, calificando al presidente como cómplice de Trump.
Pero luego, al asumir la presidencia de México, el uno de diciembre de 2018 vino la conversión abismal, la maroma mortal y pasó de llamarlo fascista a amigo respetuoso.
Por eso, en su visita a la Casa Blanca, el 8 de julio de 2020, se deshizo en elogios a Trump llamándolo buen amigo de México, y no se quiso reunir con el candidato demócrata, Joe Biden, porque estaba entregado a su campaña de reelección, pero no pudo evitar su derrota en las elecciones del 3 de noviembre de aquel año.
Con esta recuperación, no quiero decir que Trump no sea lo que López Obrador decía de él, no.
Lo que pasa es que López Obrador, para variar, cambió y se le entregó. De llamarlo nazi lo trató de su amigo y yo sigo pensando lo mismo de él. Bueno, de los dos.

